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Publicado el 12 mayo, 2019 | por Chugo

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Zombies, ¿cuantos menos mejor?

Esta semana estaba escuchando el podcast de En mi humilde opinión. Han hecho un interesante monográfico dedicado a los zombies, y entre sus recomendaciones han hablado de Black Summer. Hacía tiempo que no consumía el género zombie, y después de terminar los ocho episodios he reflexionado un poco sobre este género que tantas alegrías me ha dado.

Tengo entendido que Black Summer es una precuela de Z Nation, la cual no he visto por ese mal de hoy día con las series. Aparte de no disponer todo el tiempo del mundo, la serie al parecer requiere de un voto de confianza de dos temporadas hasta que empieza lo realmente bueno. Black Summer por otro lado promete algo más inmediato: una temporada, ocho capítulos y directa al grano. Además la premisa es bastante interesante, nos lleva a un mundo que está en vías del colapso, la sociedad, civilización y los valores éticos y morales poco a poco se resquebrajan cuando aparece esta mortal plaga.

Podréis decir que el planteamiento no es original, y es ahí uno de los focos donde quiero hacer esta reflexión. No hace falta reinventar la rueda, a veces las ideas que funcionan son las más solventes, no es necesario innovar. En los últimos años hemos asistido a masivos apocalipsis zombie, donde los supervivientes son máquinas de matar de puntería infalible y reflejos implacables. Por decirlo de alguna manera en la ficción vemos al “superviviente que nos gustaría ser” en vez del “superviviente que con suerte seríamos“. Black Summer sigue las desventuras de un grupo de supervivientes, pero me ha gustado particularmente la de uno. No es particularmente listo, ni resuelto, ni siquiera atlético, ha sobrevivido por puro miedo y azar. Y aunque te pases todo el capítulo diciendo “no me puedo creer que este tío siga vivo“, reconozcámoslo, de sobrevivir, todos seríamos ese tipo.

Y es que uno de los terrenos en los que se mueve bien el género es la de sacar a la persona corriente de su zona de confort. La capacidad de enfrentarse al horror y a la pérdida de todo lo que da por seguro es buena parte del atractivo de nuestros queridos no-muertos y/o infectados. Es una de las formas más rápidas para que el espectador empatice con los protagonistas. Incluso se puede hacer un estupendo trabajo de guion con los personajes, y es un marco estupendo para buscar una evolución.

Otro de los puntos en los que parece la moda predominante, es que para crear situaciones de tensión, se necesitan hordas de zombies. En cierto modo tiene su lógica, como hemos mencionado anteriormente, los supervivientes matan zombies con la misma normalidad de quien paga sus impuestos. Para supervivientes tan curtidos, solo puedes inclinar la balanza con una aberrante superioridad numérica. Por supuesto si lo que buscamos es espectacularidad y acción, esta es una fórmula de lo más válida. Pero si buscamos algo más intimista, más cercano al terror, con la tensión como principal ingrediente, lo podemos conseguir con uno o dos zombies.

Voy a poner como ejemplo dos situaciones de Black Summer. Si volvemos a nuestro torpe pero afortunado superviviente, se pasa un capítulo huyendo de un solo infectado por los suburbios. No hace falta mucho más para crear una atmósfera tensa que te tenga subido a la butaca. Por otro lado tenemos un grupo de cinco supervivientes aislados en una cafetería en mitad de ninguna parte, dos infectados son los que impiden que salgan. Están en clara superioridad numérica, pero no son curtidos cazazombies, no es tan fácil acabar con uno de estos horrores. Pero sólo están como gancho narrativo, lo importante viene por las relaciones entre los supervivientes y lo que están dispuestos por sacrificar para escapar.

Pero no todo son flores y halagos para Black Summer, y es que en su segunda mitad comete los mismo errores que el resto. La tensión se diluye en pos de la acción convirtiéndose en otra cosa. ¿Y cual es el catalizador de este cambio? Las armas de fuego. El inexperto grupo de civiles en cuanto se hace con armas automáticas y los zombies pasan a ser una imagen difusa en plano antes de caer ante los proyectiles de sus armas. Tiene detalles curiosos, como un tiroteo con varios grupos de civiles contra los zombies, la desorganización y el fuego cruzado convierten la escena en un caos. Pero aún con ello, la serie pierde el toque que proponía en la primera mitad. Y es que como pasa en el mundo de los videojuegos, deja de ser terror en cuanto el personaje recibe una escopeta.

En resumen, creo honestamente que si se rebaja la escala de conflicto en la ficción zombie, da lugar a una mejor en cuanto la narrativa. Black Summer hace muy bien no mirar a largo plazo. Sus historias se centran en el aquí y el ahora. En mi opinión buscar un amplio arco argumental y aumentar la escala del conflicto diluye en buena medida la experiencia más pura del género. Esa delgada línea entre la tensión y el terror, en el que el zombie es una amenaza de fondo constante y no un mero elemento de atrezzo del escenario. Los zombies puede que sean un género que no termina de pasar de moda, pero pese a ser populares, también necesitan trabajo de guión. Hay que poner valor añadido en una historia más allá de los propios infectados.

Como bien habéis podido ver, no he mencionado en ningún momento la diferencia entre zombies e infectados, y es que eso da para todo un artículo aparte.

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Un blogger cinéfilo y seriéfilo, lector y jugón voraz, a veces rolero y siempre friki. Nunca me canso de hablar de cines, series, videojuegos o cómics. Siempre intentando estar al día de las últimas novedades.

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