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Publicado el 13 abril, 2012 | por Sandor

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Análisis Xbox 360: ‘Dark Souls’

Si algo hemos aprendido en esta generación de consolas, es que las exclusividades, y esos juegos que hacían merecer la pena de una consola concreta, poco a poco se están extinguiendo, dando paso a un modelo en el cual tengamos la consola que tengamos, podremos disfrutar de sus títulos más conocidos. Este es el caso de Dark Souls, la secuela espiritual (Aunque en realidad, sean títulos totalmente separados) de Demons Souls, uno de los juegos más aclamados para la consola de Sony, y que promete darnos la misma experiencia a los usuarios de Xbox 360, y en un futuro no muy lejano, de PC. Preparaos para morir…

Historia:

Al principio, no había nada. El mundo no tenia forma, envuelto en niebla. Pero entonces llegó el Fuego, y con él, la Disparidad. El calor y el frío, la vida y la muerte, y por supuesto… La luz y la oscuridad.

La historia de Dark Souls es increíblemente escueta. Tras una cuidada introducción, de la cual extraigo las frases anteriores, se nos pondrá en la piel de un reciente no muerto al parecer inmortal (Por contradictorio que parezca), encerrado en un asilo por no se sabe bien qué motivo. Al comienzo del juego, una extraña figura nos ayudará a escapar de dicha prisión y se nos revelará la profecía que guiará todos nuestros pasos: Aquel no muerto que sea capaz de escapar del asilo, y completar su peregrinaje por las tierras de Lordran, dejará atrás su condición mortal, librándole de la maldición.

Con esta premisa, nos adentraremos en un mundo de fantasía medieval oscura y grotesca, alejada de los cánones limpios y preciosistas de los que suele hacer gala este tipo de fantasía proveniente de Japón. A partir de este momento, será tarea del jugador reunir las pequeñas perlas de historia sobre el mundo y sobre nuestra propia condición, aunque el juego no nos motivará especialmente a ello, siendo extrañamente habitual encontrarse con jugadores que han completado el juego, y son incapaces de explicar lo sucedido en el mismo.

Jugabilidad:

Dark Souls es, a grandes rasgos, un action RPG en tercera persona en un mundo increíblemente abierto para el género. Tras crear a nuestro personaje, se nos dejará plena libertad para avanzar por el juego tal y como queramos y en el orden que queramos. Si bien es un planteamiento interesante para los jugadores que busquen un reto, que adoren la exploración, o que ya conocen el título de antemano y quieren saltarse las zonas que les parecieron más aburridas, la primera sensación con la que os encontraréis será de confusión y desasosiego: Nuestro objetivo de completar el peregrinaje está ahí, ¿Pero cómo vamos a saber en qué se basa dicho viaje si nada más comenzar podemos acceder a 5 zonas totalmente diferentes entre sí?

Sin lugar a dudas, las peores horas de juego con Dark Souls son las primeras: No sabremos por donde avanzar, los enemigos que nos encontremos nos parecerán auténticos titanes, y miraremos con desesperación el mando cada vez que hagamos un movimiento inadecuado y nos den tal somanta de palos que acabamos medio muertos, siendo muy habitual que nos familiaricemos con el sistema de muerte muy rápido. Al morir el jugador, en lugar de recuperar la partida en el último checkpoint u ofrecernos cargar una partida guardada anterior, resucitaremos en la última hoguera que hayamos visitado, habiendo perdido parte de la experiencia y estadísticas que hubiéramos acumulado hasta el momento. Tendremos entonces un nuevo objetivo: Volver sobre nuestros pasos hasta donde muriéramos anteriormente y recuperar nuestro cadáver, y con él, nuestras características. Pero nos espera una horrible revelación… Y es que cada vez que descansemos en una hoguera, o volvamos a ella al morir, todos los enemigos del juego volverán a reaparecer, haciendo que volver hasta el punto en el que estábamos antes se convierta en toda una odisea.

No obstante, pese a lo que pueda parecer, Dark Souls no es un juego que nos motive a grindear y a farmear sin parar, ya que apenas conseguiremos experiencia de los enemigos normales, e incluso ingeniárnoslas para matar a los enemigos más fuertes apenas nos supondrá una gran mejora. De esta manera, acabaremos comprendiendo que la mejor manera de progresar en el juego no es ir a una hoguera, curarnos, y acabar de nuevo con los enemigos que tengamos alrededor, sino echarle valor y ponernos dirección a lo desconocido, con la esperanza de encontrar pronto una nueva hoguera en la que descansar o subir de nivel, y que los enemigos que haya mientras tanto no sean demasiado duros con nosotros.

De hecho, una de las mejores maneras de progresar en el juego será mediante el uso del componente online del juego. Y es que, pese a estar jugando solos, no dejaremos de estar desconectados del resto del mundo. Una de las principales características del juego online será la posibilidad de dejar mensajes al resto de jugadores en determinadas zonas, ya sea como recordatorio para nosotros mismos, o como aviso para todos los demás… No os podéis ni imaginar lo útil que es saber que al dar la vuelta a la esquina, nos encontraremos con una trampa que nos habría matado de un solo golpe si no la hubiéramos esquivado.

El otro principal componente del online se desbloqueará una vez consigamos volver a recuperar la humanidad suficiente como para dejar de ser un muerto viviente. Entonces obtendremos la habilidad de invocar a jugadores a nuestra partida, para que nos echen una mano a avanzar en el juego, o ser invocados a mundos de otros jugadores. Esta forma de obtener ayuda se acabará convirtiendo en algo imprescindible para superar determinadas zonas, y de hecho, es de agradecer que en determinados puntos podamos solicitar la ayuda de alguien incluso estando desconectados de internet, sin duda, toda una declaración de intenciones sobre el lugar que estemos a punto de visitar.

Como os podéis imaginar tras estos últimos párrafos, Dark Souls es un juego en el que su historia será lo de menos, incluso el apartado técnico nos resultará hasta cierto punto irrelevante: Lo que realmente habla por el propio juego es su forma de ser jugado, el desafío que nos propone, y la variedad de situaciones, jefes y enemigos con los que nos encontraremos. Y esta sensación no se puede explicar ni con mil palabras. Pero sí que hay una que nos acompañará en todo momento a los jugadores menos hábiles, menos pacientes o con menos tiempo disponible para disfrutar de un buen juego: La sensación de injusticia.

De acuerdo, el título es justo castigándonos al no realizar bien una acción, cuando no somos capaces de esquivar un golpe, o no nos hemos preocupado en investigar al enemigo con el que nos estamos enfrentando. Pero lamentablemente, el juego es tremendamente injusto a la hora de matar al jugador. Muchas veces nos encontraremos con situaciones (Ya sean enemigos, trampas o los propios niveles) en los que moriremos sin que podamos hacer nada para evitarlo: Enemigos preparados para cortarnos la cabeza nada más entrar en una habitación, jefes gigantescos que se nos caerán encima (Literalmente), trampas que acabarán con nosotros solamente por haber ido por el único camino disponible… Matar al jugador por no saber jugar es hasta educativo, pero matar al jugador por el simple hecho de hacerlo puede llegar a desmoralizarnos tanto que acabemos dejando el juego aparcado en nuestra estantería, con una diferencia con respecto a otros títulos con este tipo de dificultad: Nadie nos obligaba a aguantar las granadas de Call of Duty World at War, o la pasividad de nuestra compañera en Resident Evil 5. En Dark Souls, no tendremos un nivel de dificultad que ajustar, teniendo que tragarnos estas dificultades añadidas sí o sí.

Apartado técnico:

A nivel visual y sonoro, Dark Souls resulta excelente a la par de grotesco. Las más de 20 localizaciones que encontraremos en el juego forman pequeños mundos en sí mismos que merece la pena ver y explorar hasta encontrar el más mínimo detalle, sin olvidar que todas estas localizaciones están conectadas entre sí, y podremos ver como poco a poco vamos abandonando la frialdad de una montaña para introducirnos en la húmeda desesperación de un pantano, o los desiertos restos de una ciudad. La música, siempre desoladora y misteriosa, los filtros visuales usados en el juego y su propia dirección artística ayudarán a mantener una permanente atmosfera de pesimismo y desesperación, recordándonos que, efectivamente, podemos morir cuando menos nos lo esperamos, y que el mundo de Dark Souls no será nunca un idílico lugar de vacaciones.

Conclusiones:

Dark Souls no es un juego apto para cualquier persona. Requiere dedicación, tiempo, habilidad, y paciencia… mucha paciencia. Sin olvidarnos de una buena guía para saber en qué orden deberíamos visitar las localizaciones del juego y avisarnos de las muertes seguras e imprevisibles. Seguramente cualquier persona que solamente juegue para divertirse, que no haya vivido la época de los arcades implacables en la que todo valía para matar al jugador y hacerle gastar un crédito más, o simplemente, aquellos que apenas pueden dedicar un par de horas a la semana a su afición favorita seguramente querrán dejar Dark Souls de lado. No es un mal juego, simplemente, es demasiado duro y sacrificado para ser disfrutado como se debe.

Los jugones más masoquistas y dedicados encontraran en Dark Souls un paraíso, un increíble juego en el que poder invertir más de 60 horas, con jefes inolvidables, sistemas realmente complejos y un sistema de juego refinado que solamente los más expertos serán capaces de dominar. ¿En cuál de los dos grupos te encuentras tú?

8,5/10

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