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Publicado el 7 julio, 2011 | por Vicky

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Así empieza la novela de Assassin’s Creed La Hermandad

Después del éxito de la primera novela Assassin’s Creed Renaissance, basada en el juego superventas de Ubisoft, llega la continuación de las aventuras de Ezio Auditore. Las obras, que publica en España La Esfera de los Libros, son novelas de Oliver Bodwen para Penguin Books basadas en la serie de juegos Assassin’s Creed y cuyos derechos se han vendido a varios países, con gran éxito en Reino Unido y Estados Unidos. La novela Assassin’s Creed. La hermandad vendió 70.000 ejemplares en los dos primeros meses, tras su salida al mercado anglosajón a principios de 2011.

Roma, que una vez fue poderosa, está en ruinas. La ciudad está plagada de sufrimiento y degradación, y sus habitantes viven a la sombra de la implacable familia Borgia. Tan sólo un hombre puede liberar al pueblo de la tiranía de los Borgia: Ezio Auditore, el maestro asesino. La búsqueda de Ezio le pondrá a prueba. Cesar Borgia, un hombre más infame y peligroso que su padre el Papa, no descansará hasta conquistar Italia. Y en una época tan traicionera, la conspiración está en todas partes, incluso dentro de la misma Hermandad…

Tras el salto tenéis las dos primeras páginas de la novela.

ASÍ COMIENZA…
Los acontecimientos de los últimos quince minutos extraordinarios, que podrían haber sido quince horas, incluso días, por lo largos que se hicieron, pasaron, una vez más, a toda velocidad por la cabeza de Ezio mientras se tambaleaba y su mente daba vueltas, desde la bóveda de la Capilla Sixtina.
Recordaba, aunque le parecía un sueño, que en las profundidades de la cripta había visto un enorme sarcófago hecho de lo que parecía ser granito. Al acercarse, había empezado a brillar, pero con una luz acogedora.
Tocó la tapa y se abrió, ligera como una pluma. Surgió una cálida luz amarilla y del interior de aquel resplandor apareció una figura, cuyos rasgos Ezio no pudo distinguir, aunque sabía que estaba frente a una mujer. Una mujer de estatura antinatural, que llevaba un casco y en cuyo hombro derecho portaba un cárabo. La luz que la rodeaba le dejaba ciego.
—Saludos, Profeta —dijo, llamándole por el nombre que misteriosamente le habían asignado—.Llevo diez mil millares de estaciones esperándote. Ezio no se atrevió a levantar la vista.
—Muéstrame la Manzana. Con humildad, Ezio se la ofreció.
—Ah. —Su mano acarició el aire por encima del fruto, pero no lo tocó. Resplandecía y latía. Sus ojos se clavaron en él—. Debemos hablar.
Ladeó la cabeza, como si estuviese reflexionando sobre algo, y Ezio, al levantar la vista, creyó ver un atisbo de sonrisa en su rostro iridiscente.
—¿Quién eres?
—Tengo muchos nombres. Cuando… fallecí, era Minerva. Ezio reconoció el nombre.
—¡La diosa de la sabiduría! El búho en tu hombro. El casco… Por supuesto. Inclinó la cabeza.
—Los dioses a los que adoraban tus antepasados ya no existimos. Juno, la reina de los dioses, y mi padre, Júpiter, el rey, que me trajo a la vida por su frente.  Yo era la hija, no de sus entrañas, ¡sino de su cerebro!
Ezio estaba paralizado. Parecía una de las estatuas que se extendían por las paredes. Venus. Mercurio. Vulcano. Marte…
Se oyó un ruido, como un cristal que se rompía a lo lejos o el sonido que podría hacer una estrella al caer; pero era su risa.
—No… No somos dioses. Simplemente llegamos antes. Incluso cuando caminábamos por el mundo, la humanidad se esforzaba por comprender nuestra existencia. Tan sólo estábamos más avanzados en el  tiempo. —Hizo una pausa—. Pero, aunque puede que no nos entiendas, debes tener en cuenta nuestra advertencia.
—No lo entiendo.
—No tengas miedo. Deseaba hablar contigo, pero también a través de ti. Eres el Elegido de tu  tiempo. El Profeta. Ezio notó el cálido abrazo maternal que abarcaba todo su cansancio. Minerva alzó los brazos y el  techo de la cripta se convirtió en el firmamento. Su rostro resplandeciente reflejó una tristeza  indescriptible.
—Escucha y mira.
Ezio apenas podía soportar aquel recuerdo: había visto la Tierra entera y los cielos que la rodeaban hasta más allá de la Vía Láctea, la galaxia, y su mente apenas comprendía dicha visión. Vio un mundo, su mundo, destruido por el hombre, y una llanura azotada por el viento. Pero entonces vio a personas deshechas, efímeras, pero impertérritas.
—Os dimos el Edén —dijo Minerva—, pero se convirtió en Hades. El mundo ardió hasta quedar reducido a cenizas. Pero os creamos a nuestra imagen y semejanza, y os creamos a vosotros, hicierais lo que hicieseis, a pesar de todo el mal canceroso que hubiera en vuestro interior, por decisión propia, para daros libertad, para que sobrevivierais. Y lo reconstruimos. Tras la devastación, reconstruimos el mundo, después de eones, y se ha convertido en el mundo que conocéis y habitáis. Intentamos por todos los medios que una tragedia semejante no volviera a suceder.
Ezio volvió a mirar hacia el cielo. Un horizonte. En él, templos y formas, escritura grabada en piedra, bibliotecas repletas de pergaminos, barcos, ciudades, música y baile. Perfiles y formas de civilizaciones antiguas que él desconocía, pero que reconocía como la obra de otros seres como él.
—Pero ahora los míos se están muriendo —decía Minerva— y el tiempo corre en nuestra contra…La verdad se transformará en mito y leyenda. Pero Ezio, profeta y líder, aunque posees la fuerza física de un mero mortal, tu voluntad está al mismo nivel que la nuestra y en ti mis palabras perdurarán.
Ezio la miró, embelesado.
—Que mis palabras también traigan esperanza —continuó Minerva—. Pero tendrás que darte prisa, porque el tiempo apremia. Protégete contra los Borgia. Protégete contra la Cruz Templaria. La cripta se oscureció. Minerva y Ezio estaban solos, bañados en un débil resplandor de luz cálida.
—Mi gente debe abandonar este mundo. Pero el mensaje está entregado. Ahora depende de ti. Nosotros no podemos hacer nada más.
Y entonces se hizo la oscuridad y el silencio, y la cripta se convirtió de nuevo en un mero sótano  subterráneo, vacío por completo. Y aun así…
Ezio salió de allí y contempló el cuerpo retorcido de Rodrigo Borgia, el Español, el Papa Alejandro VI, líder de la facción templaria, ensangrentado mientras, por lo visto, agonizaba; Ezio no podía asestarle el golpe de gracia. El hombre parecía estar muriéndose solo. Al parecer, Rodrigo había tomado veneno, el mismo sin duda que le había administrado a muchos de sus enemigos. Bueno, que encuentre su propio camino al Inferno. Ezio no se apiadaría de él y le facilitaría la muerte.
Salió de la penumbra de la Capilla Sixtina hacia el sol. Una vez en el pórtico, vio que le esperaban sus amigos y compañeros Asesinos, miembros de la Hermandad, a cuyo lado había vivido tantas aventuras La verdad se transformará en mito y leyenda. Pero Ezio, profeta y líder, aunque posees la fuerza física de un mero mortal, tu voluntad está al mismo nivel que la nuestra y en ti mis palabras perdurarán.
Ezio la miró, embelesado.
—Que mis palabras también traigan esperanza —continuó Minerva—. Pero tendrás que darte prisa, porque el tiempo apremia. Protégete contra los Borgia. Protégete contra la Cruz Templaria. La cripta se oscureció. Minerva y Ezio estaban solos, bañados en un débil resplandor de luz cálida.
—Mi gente debe abandonar este mundo. Pero el mensaje está entregado. Ahora depende de ti. Nosotros no podemos hacer nada más.
Y entonces se hizo la oscuridad y el silencio, y la cripta se convirtió de nuevo en un mero sótano subterráneo, vacío por completo. Y aun así…
Ezio salió de allí y contempló el cuerpo retorcido de Rodrigo Borgia, el Español, el Papa Alejandro VI, líder de la facción templaria, ensangrentado mientras, por lo visto, agonizaba; Ezio no podía asestarle el golpe de gracia. El hombre parecía estar muriéndose solo. Al parecer, Rodrigo había tomado veneno, el mismo sin duda que le había administrado a muchos de sus enemigos. Bueno, que encuentre su propio camino al Inferno. Ezio no se apiadaría de él y le facilitaría la muerte. Salió de la penumbra de la Capilla Sixtina hacia el sol. Una vez en el pórtico, vio que le esperaban sus amigos y compañeros Asesinos, miembros de la Hermandad, a cuyo lado había vivido tantas aventuras

y sobrevivido a tantos peligros.
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Mi vida ha ido ligada al cine, si hubiese nacido dentro de una película seguramente sería una Rebelde que lucha contra el Imperio. Se puede decir que mi afán por coleccionar merchan de Star Wars va más allá.Me siento una afortunada por haber tenido una infancia rodeada de Pokémon y videojuegos que hoy en día llaman "Retro".

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