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Publicado el 28 julio, 2011 | por Sandor

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Crítica: ‘Tekken: Blood Vengeance’

Gracias a Namco Bandai, hemos podido asistir al único pase en España de la película de Namco Pictures basada en una de las sagas de juegos de lucha más conocidas y adoradas por los fans, Tekken: Blood Vengeance. Dejando totalmente de lado el experimento hollywoodiense, esta película de animación 3D cuenta desde un principio con todo el equipo creativo tras la franquicia Tekken. ¿Será lo que esperan los fans?

La historia de Tekken: Blood Vengeance se sitúa momentos antes de comenzar la línea temporal del próximo Tekken Tag Tournament 2, siendo muy respetuoso con el canon existente en la saga. Teniendo como telón de fondo la eterna pelea por el poder entre los miembros de la famosísima familia Mishima, la película se centra principalmente en las vivencias de la pareja formada por Xiaoyu, la joven estudiante china, y Alisa, la creación robótica del profesor Bosconovich, que se ven envueltas en la última de estas intrigas, siendo utilizadas cuales muñecas de trapo por uno y otro bando para conseguir sus objetivos. Y es que tanto Mishima Zaibatsu como la corporación G tienen sus ojos puestos en Shin Kamiya, un joven con muchos secretos que desvelar, y una estrecha relación con los episodios más oscuros de Mishima Zaibatsu

La película, dirigida por Youichi Mori, guionizada por Dai Sato (Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, Cowboy Bebop, Samurai Champloo) y cuidada por el mismísimo Katsuhiro Harada, nos ofrece exactamente lo que cabe esperar de una película basada en Tekken. Un apartado técnico espectacular, rodada en 3D, momentos y movimientos fácilmente identificables de los videojuegos, peleas trepidantes, y entre medias, el humor tan característico que salpica tan tímidamente los finales de los modos arcade de cada juego. La película también sirve de precuela para el nuevo videojuego, donde presumiblemente encontraremos a personajes nuevos como Shin Kamiya, y se vean las repercusiones de los eventos sucedidos durante el largometraje.

No obstante, la película también guarda un profundo simbolismo y significado más allá de los combates entre seres tan poderosos como dioses. En realidad, Tekken: Blood Vengeance nos narra una historia más particular y no tan alejada del día a día. Tekken: Blood Vengeance no deja de ser un intenso drama familiar, en todas sus vertientes. El enfrentamiento de Heihachi Mishima con sus descendientes, negándose a aceptar la realidad de su edad y peleando con uñas y dientes para evitar que sus descendientes lo jubilen antes de tiempo, condenado a sentirse inútil anclado a la silla de un asilo. Por otro lado, la frustración personal de Kazuya Mishima como eterno “príncipe segundón”, esperando a que llegue su momento para tomar el control de su más que merecida herencia, representada alegóricamente en el conglomerado Mishima Zaibatsu, y como esta frustración aumenta, no solo por la insistencia y cabezonería de su padre, sino por la presión y falta de respeto hacia la jerarquía familiar de su propio vástago, Jin Kazama.

También la historia personal de Xiaoyu y sus compañeros es tremendamente interesante, sirviendo para plasmar en la pantalla los habituales temas filosóficos y trascendentales de la cinematografía nipona: dudas existenciales, el valor de la amistad, los componentes que nos hacen humanos, la existencia de un poder superior como el karma o los milagros, la búsqueda del yo, la aceptación de los estigmas personales y como demostrar un ansia de superación infinito para sobreponerse a ellos y redimirse en un último lugar, renaciendo cual flor de cerezo en primavera… Sin duda temas que cualquier aficionado al cine nipón o a sus series de animación reconocerán.

Pese a lo que pueda parecer, la película consigue no ser demasiado densa en estos aspectos más profundos, ya que cuenta con esa pizca de humor Tekken, representada por dos de los mejores personajes de toda la cinta: el inseparable amigo de Xiaoyu, Panda, el oso gigante que sirve de transporte y defensa para el dúo protagonista, y uno de los personajes más infravalorados dentro de la familia Mishima, Lee Chaolan, el hijo adoptivo de Heihachi, y por lo tanto, dejado completamente de lado en la pugna por el poder absoluto.

Aún así, la película sufre de algunos de los problemas más habituales en otras películas basadas en videojuegos: Elementos de la trama que no se terminan de resolver y presentar como debieran, provocando que a veces la trama se desarrolle por pura inspiración kármica, o situaciones no demasiado comprensibles, como seres inmortales bastante más que mortales. Sin embargo, estos fallos menores no impiden que disfrutemos del largometraje en toda su extensión, ya que supone una oportunidad única para ahondar más en la psique de sus personajes, dejándonos conocer el alma que se esconde tras esos kilos de músculo. De hecho, tan solo un par de momentos ya justifican por completo su visionado, escenas que van desde un íntimo y conmovedor soliloquio sobre la importancia de los grandes electrodomésticos en nuestra vida, hasta la culminación más brutal del conflicto de la familia Mishima, con los tres principales miembros de la familia peleándose a la vez, para deleite de todos los fans del juego.

En definitiva, una película que todos los fans de la saga de juegos de lucha agradecerán. Y es que, por fin, se hace un largometraje digno de una franquicia tan querida como es Tekken.

Se espera que Tekken: Blood Vengeance salga directamente a la venta en blu-ray este otoño, en el pack conocido como Tekken: Hybrid, que incluirá la película de animación (Y se espera que incluya tanto doblaje en castellano como opción para ver la película en 3D), una versión remasterizada de Tekken Tag Tournament y una demo del próximo Tekken Tag Tournament 2.

Lo mejor:

  • Acción frenética y a raudales, una digna versión de lo que cabe esperar de una película basada en un videojuego.
  • Ese punto de comedia y locura tan propio de Tekken.
  • Un apartado técnico espectacular.
  • ¡Es EXCELLENT!

Lo peor:

  • Que haya tan pocos cameos, contando con un plantel tan extenso.
  • Que Panda no pase más tiempo en pantalla.
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