Cine no image

Publicado el 12 junio, 2012 | por Avatar

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Crítica: ‘Red State’

Cuando vi que Kevin Smith (‘Mallrats’, ‘Clerks’) iba a escribir y dirigir una película que, al parecer, exploraba el aspecto más sórdido de la sociedad profunda estadounidense, creí, como muchos, que el hombre entraba en un tramo de madurez en su carrera como guionista y director. Hasta ahora, se había caracterizado por poner el dedo políticamente incorrecto sobre la llaga de los complejos americanos por excelencia desde la comedia con intención, el texto irónico y la realización engañosa. Digo engañosa porque siempre ha conseguido ocultar tras una faz sencilla, a veces hasta simple en apariencia, un mensaje terriblemente poderoso y contundente. Tanto es así que me da la sensación que es al cine lo que Michael Moore (‘Bowling for Columbine’, ‘Fahrenheit 9/11’) al género documental, sólo que con un poco más de mano izquierda y menos sensacionalismo.

Así pues, ¿qué es en realidad ‘Red State’? A bote pronto, sólo se me ocurre definir esta cinta como un producto cinematográfico mutante, un gran juego de prestidigitador que nos vende una piel con un animal muy distinto al que podríamos esperar dentro. ‘Red State’ es una sátira, un drama y una proclama que denuncia los serios problemas que carcomen la sociedad estadounidense desde sus cimientos hasta sus instituciones, y todo ello en poco menos de hora y media de relativamente bajo presupuesto. O, dicho de otro modo: la maximización del efecto al mínimo coste. Bingo.

La historia se centra al principio en tres amigos que deciden probar una experiencia nueva quedando en una web de citas sexuales con una madura de su mismo condado, conocido por lo demás por ser uno de los más conservadores del país y hogar de la Iglesia de Five Points, liderada por el carismático y reaccionado reverendo Abin Cooper, interpretado por un magistral Michael Parks (‘Kill Bill’, ‘Planet Terror’), del que huyen hasta los mismos neonazis y demás fauna retro del panorama estadounidense. La cita, en realidad, es una trampa tendida por este reverendo y sus seguidores para los de moral floja, con la firme intención de darles el castigo que se merecen.

La película arranca metiéndonos en la cabeza de visualizaremos una más de las que han bebido de ‘La matanza de Texas’, con un toque fundamentalista, pero a medida que va avanzando, el film va tornándose en una sucesión de géneros para contar una historia desde el polifacetismo de un diamante. Sin duda, hay momentos perturbadores, potenciados por un uso de las cámaras y un tempo de los textos que sirven muy eficazmente a la puesta en escena. La cinta se toma su tiempo para desarrollar sus pocos frentes, dejando que Parks se explaye con todo su repertorio interpretativo en una serie de monólogos clericales de arenga y castigo que resultan sobrecogedores, y más aún en versión original.

Como hemos dicho, el juego de prestidigitación esconde la bola varias veces y va mutando las claves de la narración, haciéndolas pasar de la perturbación y el morbo homicida a la acción a tiro limpio, hasta la comedia y la parodia, todo ello sin caer en el detalle del mal gusto o los recursos facilones para levantar ampollas en la mente del espectador. Kevin Smith consigue, en suma, con su producto mutante, tocar los palos necesarios para definir la podredumbre de una sociedad que se dice libre que, no lo olvidemos, fue fundada por algunos de los elementos más reaccionarios y fanáticos que la vieja Europa expulsó de sus entrañas en barcos destartalados hace quinientos años.

Habida cuenta de que al final el ejercicio resulta comparable al de un trapecista sin red, la película consigue su propósito, más allá de que las formas puedan gustar más o menos. Y es que no podemos por menos que escandalizarnos y reírnos ante el modo que funcionan las cosas. Porque si nos creíamos que todo se reduciría a la crítica al fundamentalismo, lo cierto es que esta crítica abarca también las instituciones que supuestamente deben paliar estas lacras, y sin embargo las perpetúan con un funcionamiento administrativo anquilosado donde importan más las formas que los hechos. Como si de un espejo se tratase, donde se reflejan las dos caras de una misma moneda, la réplica desde el otro lado viene dada por un más que eficaz John Goodman, que rematará un concierto disonante, hilarante en sus compases finales y no por ello menos inquietante en su conjunto.

Red State’ es, pues, un homenaje descafeinado a Tarantino y los hermanos Coen, un toque de sutileza en un campo embarrado de excesos y un guiño a la crítica inteligente y con contenidos. No es una película que pasará a la historia por su presupuesto o sus medios, sino por el buen uso que hace de lo poco que tiene. Y me apuesto una cena a que no durará mucho en las salas de cine, por lo que recomiendo que la veáis en la medida de lo aquí dicho y no más.

Lo bueno:

  • Michael Parks como el reverendo Cooper.
  • El salto de ritmos y géneros (humor negro, muy negro).
  • La cantidad de sensaciones y géneros distintos que transmite en tan poco tiempo.
  • Las interpretaciones en general.

Lo menos bueno:

  • No parece haber un hilo tradicional de narración, ni protagonistas al uso.
  • Quien esté acostumbrado a narraciones sin desvíos, resentirá los cambios de tono.
  • Lástima que lo que empezó de una manera degenere en un tiroteo, necesario, pero largo.

7/10

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Irreverente, bloguero, traductor, politólogo vocacional, aficionado a la escritura y rolero por vicio masoquista.

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