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Publicado el 21 abril, 2014 | por Trish

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Crítica: ‘Pompeya’

cartel final POMPEYA

¿Echabais de menos el cine épico? Hace ya un tiempo que no nos llegaba una película de tal género y “basada en hechos reales” ya que con tanto boom que se le está dando a los films basados en sagas literarias y comics, el resto de cine ha quedado un poco relegado a un segundo plano. Pues bien, Paul W.S. Anderson (Resident Evil, 2012) decide para variar salirse de lo que está de moda y nos trae una propuesta que inicialmente parece incluso interesante: Pompeya.

Viajemos atrás en el tiempo, al año 79 D.C. Justo antes del fatídico evento que aconteció en la antigua ciudad de Pompeya. Milo (Kit Harington) es un esclavo celta que fue apresado por los romanos para convertirse en gladiador justo después de que todo su pueblo fuese masacrado a manos del senador romano Corvus (Kiefer Sutherland). Según fue creciendo, su valía en los circos romanos le fue dando fama dándole a conocer al resto de Roma como “El Celta”.  Su potencial hizo que se fijaran en él y fue trasladado a la ciudad de Pompeya, donde podría dar un mayor espectáculo a gente más importante.

Allí es donde conoce a la bella hija del emperador de Pompeya, Cassia (Emily Browning) y además coincide con Corvus. Aun, queriendo llevar a cabo su venganza, comienza a trazar un plan para conseguirla. Pero Milo no sabe aunque el destino le tiene otra cosa preparada: El monte Vesubio está comenzando a rugir y al despertar, cambiando el destino de todos los habitantes de Pompeya para siempre.

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Sin duda, la película tiene todos los elementos para llegar a ser una historia épica convincente: Un protagonista torturado por su pasado que lucha por cambiar su futuro, una historia de amor prohibida entre un esclavo y una mujer de la alta sociedad romana, un malvado senador romano con carisma, y una amenaza latente que promete tensión; todo envuelto en una estética clásica que le dota de misterio. Pero, incluso con todo ese potencial, Pompeya es incapaz de llegar a su destino.

Quienes ya conocemos a Paul W.S. Anderson podemos hacernos una idea de lo que cabe esperar de él, un director un tanto inestable que ha llevado el cine comercial a otro nivel; ya no es lo comercial por entretener, es lo comercial por lo comercial, lo de entretener Anderson se lo ha dejado por el camino.

Comencemos por el guión, una película de estas características tampoco necesita nada complicado ni trascendente, solo lo mínimo para promover el interés del espectador y hacerle empatizar con el personaje para apoyar su lucha. Pero en este caso, la historia de Milo y el resto de los personajes es tan superflua que acabas olvidándote de lo que pasa al instante de que haya sucedido. Plagada de momentos cliché y pseudosentimentaloides, incluso hay quien diría ridículos (no voy a entrar en detalles por spoilers), pero la historia en cierto momento se pierde en sí misma y de vez en cuando te llegas a preguntar qué has venido a ver al cine… Si un film sobre los acontecimientos de Pompeya o Gladiator 2.

Una película sobre la erupción del Vesubio promete lava, explosiones, caos, terremotos y un sinfín de momentos destructivos que, no nos engañemos, es lo que hemos venido a ver al cine si nos decidimos por este título. Pero Anderson nos tiene una sorpresa preparada, y es el relegar toda esa historia a un segundo plano solo por el mero hecho de querer contar algo así como un romance entre un gladiador y la hija de un emperador, de hecho, como he comentado ya, cuando sucede algo que tiene que ver con el volcán, pilla totalmente por sorpresa al espectador porque se te olvida lo que has venido a ver; bien podría haberse llamado “Pompeya: el romance de John Snow” y al menos así nos habríamos hecho una mejor idea de lo que nos íbamos a encontrar.

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Si el guión flojea, los efectos digitales por lo menos son correctos, el poco tiempo que podemos disfrutar de la gran erupción y sus consecuencias dan la talla acompañadas de una dirección más fluida. No hay duda de que el director sabe rodar escenas de lucha y acción, y si Pompeya hubiese tenido más de eso, habría sido una película que al menos llegaría a la nota de pasable. Las contadas escenas de lucha son interesantes, no podemos evitar pensar en Gladiator (Ridley Scott, 2000) y aunque no llegan a la misma calidad, si están bien coreografiadas y son lo suficientemente impresionantes para mantener la atención del espectador.

Junto al guión lento y los efectos especiales que tampoco destacan demasiado, tenemos a un reparto desaprovechado y mal dirigido. Habrá quien piense que Kit Harington (Juego de Tronos, 2011) no es el actor más expresivo del mundo, y que su papel en la famosa serie de televisión le puede encasillar, pues bien, no os equivocáis; Pompeya es como ver a John Snow fuera de Invernalia y totalmente perdido porque no sabe ni él mismo lo que está pasando (you know nothing John Snow) , Milo es un personaje vacío, que no inspira a la interpretación, inexpresivo y vacío… una lástima para Harington, que tenía la oportunidad de meterse en la piel de un personaje diferente y no le han dado mucha opción.

Seguimos con la protagonista femenina, Emily Browning (Sucker Punch, 2011) que le da algo de vida a la película con su personaje pero que tampoco va más allá de lo que una interpretación corriente requiere, la pobre se limita a ser un leitmotiv para que la historia de Milo cobre algún sentido. Y lo mismo podemos decir del resto de personajes, que cumplen con su papel sin ninguna transcendencia, pero entre todos sin duda cabe destacar al desaprovechadisimo Kiefer Sutherland (Serie 24, 2001) que pudiendo haber encarnado a un malo con más carisma se queda también en la superficie terminando a rozar incluso lo ridículo.

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En resumen, Pompeya es una oportunidad desaprovechada de casi 2 horas que promete algo que no es; si lo que queréis ver son volcanes en erupción y destrucción apocalíptica es mucho mejor que veáis Volcano (Mick Jackson, 1997) o Dante’s Peak (Roger Donaldson, 1997) pero si lo que buscáis es una repetitiva y vista-mil-veces historia de amor imposiblemente predecible, esta es vuestra película, disfrutadla.

Nos gusta:

  • La explosión volcánica

No nos gusta:

  • El guion soporífero y predecible
  • Los actores desaprovechados
  • La falta de inexactitud que llega a ser insultante para el público
  • Paul W.S. Anderson y su manía de destruir todo lo que toca

3/10

 

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Mujer Vikinga nacida en Carabanchel bajo (el bueno). Amante de la fotografía, el diseño y sobre todo del cine de Terror. Wes Craven es mi Dios.

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