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Publicado el 18 enero, 2011 | por Sandor

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Crítica: Más allá de la vida

El próximo viernes 21 de enero llega a los cines españoles la nueva película del director Clint Eastwood, Más Allá de la Vida. Una película dramática que, si os soy sincero, cualquier parecido entre lo que se da a entender en el tráiler y la película que nos proyectaron en el cine es pura coincidencia.

Más allá de la vida es una película con un tema central indiscutible: La muerte, y todo lo que le rodea. Para ello, nos narra la historia de tres personajes muy diferentes, que sufren la desgracia de toparse con la muerte de formas bastante diferentes.

La película comienza presentándonos a la periodista francesa Marie Lelay (Cécile De France), una mujer que disfruta de sus vacaciones en Indonesia, cuando es sorprendida por el tsunami que sucedió en 2004. Y aunque Marie sobrevive a la tragedia, tiene una experiencia extrasensorial, en la que es capaz de ver lo que, supuestamente, sería el cielo. Este hecho la marcará tan profundamente que acabará dejando su trabajo, centrado en el periodismo político y social, para investigar más sobre estas experiencias cercanas a la muerte, y acabar entendiendo mejor lo que le sucedió en la tragedia.

Mientras la historia de Marie se desarrolla, se van intercalando las historias de los otros dos personajes: por un lado, tendremos a George Lonegan (Matt Damon), un médium americano que es capaz de contactar con los fallecidos recientes de una determinada persona con tan solo tocar sus manos. A lo largo de la película veremos cómo George se toma su propio don, y todas las posibilidades, tanto positivas como negativas, que trae consigo.

En último lugar,  viviremos el drama de Marcus (Frankie y George McLaren), un niño británico con graves problemas. Marcus vive con su hermano gemelo Jason y entre los dos, cuidan de su madre, alcohólica y drogadicta… Hasta que un día Jason es atropellado por un camión. Esto provoca que los servicios sociales tomen partido en el asunto, separando a Marcus de su madre y llevándolo a una familia de acogida. Sintiéndose totalmente solo en este mundo, Marcus emprenderá el viaje de su vida, para conocer a donde ha ido su hermano gemelo, su otra mitad, y encontrar una manera de hacer que vuelva con él.

Tal y como podéis ver por su argumento, Más allá de la vida es una película que se podría resumir en dos horas de muerte pura y dura. Pero no muerte en el sentido que pueden tener las películas mas palomiteras de acción o de terror, sino en un sentido más maduro y trascendental. Llegado a este punto, he de confesaros que me encontré con un gran problema al ver la película. Personalmente, todo el tema de la muerte y su impredecibilidad, lo que hay mas allá, la relevancia de nuestros actos con respecto a ese futuro en el que ya no estaremos… Son temas que me deprimen enormemente. Me hacen sentirme vacío por dentro. Por lo que ver esta película no me ha supuesto ninguna alegría. Y he de avisaros que si sois mínimamente parecidos a mí en este aspecto, o no aguantáis la idea de morir… Deberíais dejar pasar esta película.

Si sois lo suficientemente maduros como para mirar a la muerte a la cara, y pensar en todas sus facetas, Mas allá de la vida resulta ser un drama conmovedor y elegante, y que no os dejará indiferentes. De hecho, muchos de los temas que pone sobre la mesa son temas tan abstractos y personales que, sin duda, invita al debate con otros sobre lo que acabamos de ver. Clint Eastwood decide explicar su concepto de muerte y lo que hay más allá recurriendo al espiritismo. Sin hacer referencia a ninguna religión en particular, la idea de un “paraíso” o de un “cielo” está presente en todo el largometraje, y supone también uno de los temas centrales de la película: La búsqueda del conocimiento sobre este más allá, saber qué es lo que nos pasará una vez nuestra vida llegue a su fin.

Pero pese a explicar algunas cosas mediante la espiritualidad, es curioso que también haya lugar en la película para la crítica a todo el mundillo de los médiums, lleno de espiritistas de medio pelo y de gente que ofrece sus supuestas “habilidades”, más que para un fin noble, para un fin puramente económico. De esta manera Marcus vive momentos realmente angustiosos y ridículos, al comenzar a visitar a diferentes psíquicos para que le ayuden en la búsqueda de su hermano, y ver cómo le mienten o le engañan, diciéndole lo que creen que quiere oír, o al ver que todas las libras que les está pagando sirven solo para no obtener ningún resultado.

En definitiva, un intenso drama que, insisto, no os dejará indiferentes. Pero disfrutar de ella dependerá única y exclusivamente de vuestra actitud con respecto a la muerte, y vuestra madurez intelectual.

Lo mejor: Clint Eastwood ha conseguido un drama emotivo y maduro, que arriesga con su temática y trata de forma elegante uno de nuestros más profundos temores como ser humano: La mortalidad.

Lo peor: Si somos un poco sensibles, la película será capaz de hacernoslo pasar realmente mal, o incluso chocar de frente con nuestras propias convicciones. No es una película apta para cualquier público.

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