Cine La maldición de Chucky

Publicado el 7 octubre, 2013 | por Jose Mellinas

5

Crítica: ‘La maldición de Chucky’

Tras la muerte de su madre, Nica recibe un extraño paquete con un muñeco Good Guy en su interior: Chucky. Cuando la gente de su alrededor empieza a morir, la joven tetraplégica descubre que Chucky no es tan inocente como creía.

Nuestro muñeco diabólico preferido vuelve a hacer de las suyas en solitario, y lo hace en una secuela cuyo objetivo es regresar a los orígenes. ¿Ha merecido la pena el esfuerzo?

Cuando analizamos la figura del muñeco como amenaza mortal en el celuloide, es inevitable no pensar en Muñeco diabólico como representante principal de un concepto aparecido en obras anteriores como Dolls, Magic o el episodio Amelia de Trilogy of Terror. La película de Tom Holland (artífice de la estupendísima Noche de Miedo) reintrodujo exitosamente la fórmula ante un público colapsado por las interminables secuelas de la época; Chucky, el Good Guy poseído por el psycho-killer Charles Lee Ray (Brad Dourif) encontraría hueco en la imaginería fantástica pop junto a otros mitos como Freddy Krueger o Jason Voorhees. Los productores se apresuraron a explotar el filón durante los siguientes veinte años pasando del terror puro y duro a la comedia autoparódica. Pero, ¿sigue funcionando la idea o es ya cosa del pasado?

El gran acierto de esta sexta entrega radica en ignorar el disparate presentado en los últimos films. No me malinterpretéis: darle una compañera criminal a Chucky aportó a la saga un aire desenfadado que justificaba muy bien el guiño a La novia de Frankenstein, pero cuando la familia pasó a ser numerosa las bromas dejaron de ser chistosas. Don Mancini, padre del personaje, hizo del quinto episodio un surrealista puppet show y ahora ha reformado con tino la franquicia devolviéndole la crudeza y seriedad de la propuesta original. Durante los magistrales primeros cuarenta minutos de la cinta, Mancini regresa a la fórmula inicial sin miedo a desenfocar a Chucky, olvidándose de él a favor de los nuevos personajes encerrados en esa mansión gótica propia de los sesenta. Este desmedido escenario tan peculiar, único en la saga, agrega a La maldición de Chucky un simpático look de “casa encantada” que el muñeco diabólico termina de perfilar una vez empiezan a acumulársele los cadáveres. De hecho, el cinéfilo purista puede jugar a adivinar las similitudes con la mencionada Dolls, el clásico de Stuart Gordon.

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No os preocupéis por la continuidad: está a salvo. Es uno de los aspectos más mimados de La maldición de Chucky; Mancini ha escrito todas y cada una de las entregas, y se las conoce al dedillo. Aquí amplía la cronología sin contradecir, expande sin temor a buscar nuevos territorios. El fan más acérrimo apreciará con locura detalles como, por ejemplo, la escena post-créditos (toda una agradable sorpresa) o los enlaces argumentales a otros capítulos. Y como siempre, el pequeño bastardo pelirrojo tiene la voz del incombustible Brad Dourif, capaz de meterse una vez más en la piel (y peluca) de Charles Lee Ray dentro de uno de los flashbacks complementarios a la historia. La hija del actor, Fiona, interpreta a Nika, la protagonista del relato. Y mucho ojo a su interpretación: uno de los puntos fuertes de la película.

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Lo mejor:

  • Los primeros cuarenta minutos (en especial la escena de la cena)
  • Fiona Dourif, fantástica como papel protagonista
  • Lograr una secuela digna con tan poco dinero y directa al mercado doméstico

Lo peor:

  • Una vez Chucky se descubre, el suspense desaparece por completo
  • El cantoso CGI
  • El final troceado por capítulos, que quiere abarcar muchas tramas
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Crítica: ‘La maldición de Chucky’ Jose Mellinas

Pese a su limitado presupuesto, La maldición de Chucky acepta con orgullo la condición videoclubera a la que está (tristemente) condenada. Quién sabe si con más dinero la película hubiera sido mejor, pero ojalá todas las direct-to-video fueran tan divertidas y tan bien rodadas como la que nos ocupa. No es la mejor aventura del muñeco pero tampoco la peor: es la que necesitaba el personaje. Y en una época plagada de remakes y reboots, tener una buena secuela es, cuanto menos, raruno.

3.5


Voto del público: 2.5 (2 votos)

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