Cine

Publicado el 16 febrero, 2016 | por Dani Mateo

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Crítica: El bosque de los suicidios

En Japón son muy raros, eso ya lo sabemos todos. Lo hemos visto en comics, en animes, en películas y en su música. Lo que, sin embargo, no mucha gente conoce de Japón, es que son raros hasta para, llegado el momento, cometer suicidio. El bosque de Aokigahara es conocido como El bosque de los suicidios, debido a la cantidad de gente que se ha suicidado aquí, dejándolo como el segundo lugar con más suicidios del mundo detrás del Golden Gate. Pues bien, aquí sucederá gran parte de la historia que nos ofrece Jason Zada en su ópera prima.

El film se separa muy levemente de las típicas historias de terror a las que venimos estando acostumbrados recientemente. Si, esas que tanto odio en las que el componente de terror queda relegado a subir la música en ese momento que sabes que va a aparecer “ESO” que tanto miedo sabes que va a dar en el momento que te esperas. Sin embargo, Zada huye de esto y cuenta una historia de tintes más convencionales, que bien podría parecer un thriller a simple vista, pero que esconde, sin embargo, una historia de terror psicológico realmente hipnótica en su dirección.

Zada en El bosque de los suicidios nos cuenta la historia de Sara y Jess Price (Natalie Dormer), dos gemelas que tienen una conexión especial. En la historia del cine hemos visto la conexión que tienen algunos gemelos para saber el momento en que su “otra mitad” está sufriendo o pasando un calvario en varias ocasiones. En esta película Sara siente que algo no está bien cuando recibe una llamada de Japón, donde su hermana es profesora, para informar de su desaparición. Sara dejará su américa natal para investigar el lugar donde desapareció su hermana, a la que dan por muerta, ya que ella desde pequeñas sienten una especie de ruido cuando la otra está en problemas.

El bosque de los sucidios

Sara, ya en Tokio, decide acercarse hasta el Monte Fuji, donde reposa el bosque de los suicidios a sus faldas. El último paradero conocido de Sara fue adentrándose sola a este bosque. Cuenta la leyenda que los espíritus del bosque se alimentan de la tristeza de la gente, llevándoles al suicidio. El bosque juega con tu cabeza y, por supuesto, las gemelas cuentan con un evento traumático que será el caramelo para los espíritus. Sara acaba por adentrarse en el bosque, a pesar de los consejos de los lugareños y de Aiden (Taylor Kinney), un redactor de una revista de viajes australiana que piensa que la historia de las gemelas podría ser perfecta para un reportaje. Finalmente el periodista y Michi (Yukiyoshi Ozawa), un guardabosque experto conocedor del terreno, acabarán por acompañar a la incauta norteamericana.

La dirección de Zada tiene mucha ausencia musical, resulta casi hipnótica tan plagada de primeros planos de Sara, ruidos del ambiente de ese bosque embrujado que resulta Aokigahara y un ritmo de edición muy personal. No está especialmente inspirado, aprueba para ser su primera dirección, y tampoco reinventa la rueda exactamente, pero desde luego ofrece una experiencia diferente a la habitual en estas producciones. Sin embargo esta ausencia de recursos sobrexplotados en el género de terror, rápidamente se torna insípida, y Zada acaba por caer en lo fácil hacia el último tramo de la película.

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El mayor problema de la película es la rutina fácil en la que pronto cae el guión de Nick Antosca, Sarah Cornwell y Ben Ketai. Tras presentar a los personajes pobremente, donde el marido de Sara, Rob (Eoin Macken) nos muestra un ejemplo de ausencia de carisma brutal, la película comienza a jugar con flashbacks contándonos eventos importantes de la vida de las gemelas. Eventos que realmente acaban por no importar demasiado y pretenden inflar el famoso globo del “a que no te lo esperabas” creando la respuesta contraria a la esperada por el director.

Finalmente esa reciente fascinación que le profesas a Zada en los primeros compases acaba por no durar demasiado. La película acaba por ser algo repetitiva y cae en las mismas rutinas una y otra vez repitiendo una fórmula que no acaba de convencer en su primera repetición y acaba por hastiar un poco más con cada repetición. La cinta acaba con esa sensación tan común en el cine de hoy en día, en el que tras finalizar la cinta tu cara dice “me importa poco lo que acabo de ver” y que con un gesto de encoger los hombros tan solo esperas que llegue a ese final que ya te hueles.

El bosque de los suicidios 01

Nos gusta de El bosque de los suicidios:

  • La dirección hipnótica gracias al montaje con primeros planos.

  • La ausencia de los elementos comunes del terror, aunque sea durante un tiempo breve.

  • La maravilla que es Tokio y la presentación para el gran público del Aokigahara.

No nos gusta de El bosque de los suicidios:

  • Acaba por no ser la típica película, sin embargo le falta por todos lados.

  • Se vuelve predecible y repetitiva.

  • La ausencia de carisma de los secundarios.

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Dani Mateo

Cine, series y juegos como modo de vida. Empecé con Alex Kidd, pero Final Fantasy me hizo entender que los videojuegos eran algo más. También creo videojuegos en CovenArts
Crítica: El bosque de los suicidios Dani Mateo

Todo el poder de un lugar como Aokigahara se diluye entre una buena dirección inicial por culpa de un guión poco trabajado con personajes poco consistentes. El ritmo repetitivo y predecible de la película le lastra conforme avanza la cinta.

3

Hipnótica


Voto del público: 3 (1 votos)

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