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Publicado el 19 febrero, 2014 | por Sandman

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Crítica: ‘Cuento de Invierno’

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Cuento de Invierno” llegó este 14 de Febrero a los cines con el propósito de encandilar más de un corazón de la mano del productor Akiva Goldsman, quien se ha atrevido a dar el paso como director para realizar no una película real, sino “una película de amor”.

Ante tal anuncio ya presente en el cartel del estreno, sabemos que nos enfrentamos a una película romántica, del corte de “Dulce Noviembre” o “El Diario de Noa“, pero Goldsman es ciertamente un incomprendido en temario amoroso. El largometraje no se decide a caer entre el género fantástico y romántico, dando fruto finalmente a una película inverosímil y con unos niveles de cursilería que resultan obscenos. Conseguirá sacarte una sonrisa cuando finalmente comprendas que la película no puede – ni debe – ser tomada en serio.

La historia comienza cuando el joven y apuesto ladrón Peter Lake (Colin Farrel) decide colarse en el domicilio de Beberly Penn (Jessica Brown Findlay) y robar la caja fuerte. El pícaro es descubierto por la joven, y al verla no puede hacer otra cosa que enamorarse de ella y renunciar a su deseo de hacerse con la fortuna de su familia. A las lógicas complicaciones surgidas por la diferencia de clases entre ambos amantes se unen las deudas de Peter Lake con Pearly Soames (Russel Crowe). Este Al Capone de los ladrones del siglo XIX perseguirá a Peter poniendo trabas a su relación con su amada de forma implacable debido a sus poderes como demonio; pero Peter no está solo, ya que contará con la ayuda de diferentes guardianes celestiales, como el caballo blanco que es en realidad un perro,  que le ayudarán a luchar contra las fuerzas del mal, dándose así un enfrentamiento que se prolongará durante un siglo.

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Si habéis sido capaces de leeros esta pequeña sinopsis podéis comprobar por vosotros mismos que a la altura de los guardianes celestiales y los demonios la película ha perdido el sentido por completo. Desde la primera escena con el caballo podemos ver que el animal se las trae, saltando una valla de cinco metros como si nada. Pero la historia sigue y claro, en toda buena película de amor, la amada ha de estar en peligro de muerte en alguna ocasión, en este caso por un Russel Crowe venido a menos que incluso llega a ser a veces ridículo y patético; por suerte para ella, Colin Farrel, tan ridículo y patético como el anterior, llega en el último momento al rescate. La vía de escape tras la emocionante persecución no puede ser otra que arrojarse por un barranco y salir volando (ojo, que salen volando con el caballo y sus alas de hada) ante la mirada del malo que una vez más fracasa en su intento de vencer. Por supuesto el caballo de Russel Crowe es negro y no, no vuela ¡Qué pena!

Pero por si fuera poco este derroche de imaginación por parte de Goldsman, hay una trama secundaria que tiene aún menos sentido si cabe. Porque teniendo caballos que vuelan(que recordemos que en realidad es un perro transformado), ángeles y demonios, mitología invernal (totalmente inventada) y a Russel Crowe frustrado, lo único que falta son viajes en el tiempo. ¿Cómo?, ¿qué?, ¿viajes en el tiempo? Pues sí, porque Colin Farrel es inmortal, a diferencia de su amada, y tiene que entretenerse con algo cuando ella se muera, por lo que se dedica a buscar su “milagro” violando sin escrúpulo alguno todas las leyes del espacio-tiempo.

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Ahora viene lo mejor, porque imaginamos que Goldsman, amigo de Will Smith (y aquí va la gran sorpresa) quería darle un papel en este largometraje. Recordamos que ya había trabajado con él en “Yo Robot” o “Soy Leyenda” y quien mejor que Smith para interpretar a Lucifer (Lu para Russel y sus amigos). Pensábamos que se marcaría un baile o alguna broma al estilo Príncipe de Bel-Air, ¿qué pasa Will? Antes molabas.

Una vez hemos llegado a este punto de la película podemos hacer dos cosas. La primera y más lógica sería irnos indignados ante el chiste cada vez mayor en el que se va transformando el film. La segunda opción es quedarnos y reírse (por no llorar) ante tal sinsentido y prestar atención a la fotografía y la música, dos aspectos que en realidad se salvan al margen del resto de despropósitos. Descrita por algunos como una “soez mamarrachada sentimentaloide”, “Cuento de Invierno” no pasará a la historia por ser una gran película de amor, ni si quiera pasará por ser una divertida película fantástica o de ficción. Directamente no pasará a la historia.

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Nos gusta

  • La fotografía y la música realmente son aspectos muy cuidados. Los violines y  la gama fría de colores utilizados transportan al espectador con éxito al invierno de Manhattan del siglo XIX.

No nos gusta

  • El anacronismo espacio temporal y el número de clichés y tópicos llega a ser absurdo.
  • Russel Crowe y Colin Farrel venidos a menos en una película que no está a su altura.
  • La falta de coherencia en la propia historia, no se trata de fallos de guión, sino en el sentido de la propia trama.
  • La forma de abordar el tema no es la más correcta. No está a la altura de otras películas románticas.

 4/10

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