Cine Jurassic World

Publicado el 15 junio, 2018 | por Chugo

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Crítica: Jurassic World: El reino caído

Por @OrdHum. Hay un indudable factor de morbosa fascinación en todo lo que rodea a los dinosaurios. Quizá porque recuerdan a lo que escribían los cartógrafos en aquellas zonas más allá del límite de lo conocido —“Aquí hay dragones”—, haciendo referencia al combustible de la imaginación que es el desconocer cómo es algo. De hecho, la figura de los dinosaurios pertenece a un mundo intermedio entre la mitología y la realidad, puesto que su existencia nos llega a través de vestigios fosilizados con milenios de antigüedad. Sabemos que algunos eran grandes, de dientes y garras terroríficas, que dejaban a su paso huellas profundas que han llegado a nuestros días grabadas en piedra —nótese que hago referencia a los carnívoros; los hervíboros poseen fama de aburridos por aquello de no saltar sobre el transeúnte desprevenido para darse un festín con sus entrañas. Aunque la ciencia nos pueda dar detalles más o menos acertados de cómo eran estos majestuosos —algunos— seres, lo cierto es que aún tienen la cualidad de poder alimentar la imaginación del espectador debido a la ausencia de prueba gráfica más allá de su portentoso armazón óseo.

Hollywood es plenamente consciente de esta atracción innegable, como lo es de todo lo que pueda significar añadir más ceros a sus cuentas corrientes. Ya en su más tierna juventud, allá por el año 1933, jugueteaba con la idea de una isla ignota repleta de gigantescos seres que luchaban entre ellos para jolgorio y placer de los espectadores en sus salas. Aunque ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia del cine, es de recibo destacar como una de las más importantes, ya no en el género, sino en la historia del cine aquel filme de aventuras basado en la novela de Michael Crichton: Parque Jurásico.

Spielberg consiguió que nos creyéramos que tales criaturas existían. Un niño —servidor— de ocho o nueve años la vio por primera vez y apenas dudó de la veracidad de las imágenes que se sucedían ante sus ojos. ¡El Triceratops! ¡El Braquiosaurio! ¡El Velocirraptor! ¡El Tiranosaurio! Durante el día el niño jugaba con los muñecos de la película, y por las noches se acurrucaba bajo las sábanas, pues a pesar de que le repetían que eran de mentira, siempre había una vocecita molesta que repetía en su cabeza: “¿Y si no lo es?; ¿Y si están fuera?; ¿Y si en cualquier momento aparece su sombra recortada contra la ventana?” La lógica había quedado obsoleta desde el momento en el que el Tiranosaurio Rex avanzaba corriendo, rugiendo con sus fauces abiertas contra el retrovisor del coche.

El éxito, como toda historia hollywoodiense, significó dos secuelas de recepción mucho más negativa, y el fracaso, como toda historia hollywoodiense, significó guardar la franquicia un tiempo prudencial en el cajón de los olvidados, al menos hasta que el momento fue propicio para su regreso triunfal.

Ese momento llegó en 2015 con el estreno, en plena efervescencia de reboots, remakes y secuelas de franquicias largo tiempo perdidas, de Jurassic World. Como cierta saga galáctica que se estrenaría unos meses después, Jurassic World era una declaración de intenciones: queremos aludir a lo que te gustó de la primera película para que vengas a verla. La estrategia funcionó, críticas aparte. La cascada de millones fue monumental, y las secuelas aparecieron en el horizonte como las flores tras un día de lluvia. Siendo justos, Colin Trevorrow debe el éxito de su filme al tremendo efecto nostalgia y a que, simplemente, la película no era mala —que era lo mínimo que pedíamos los que veníamos escocidos por JPIII. Entretenimiento decente y dinos comiéndose a personas, pero lejos de la genialidad imaginativa que Spielberg nos mostró en Jurassic Park.

Cuidado con los SPOILERS

Jurassic World: El reino caído

Pero vaya, cuántas vueltas doy. Todo esto viene a cuento —lo juro—, para empezar, por fin, a hablar de Jurassic World: El reino caído. A Juan Antonio Bayona le cae encima la difícil tarea de arrastrar hacia adelante una saga que, hasta el momento, vivía de las rentas. Como armas potentes para afrontar el proyecto, dos portentos de la pantalla: Chris Pratt y Bryce Dallas Howard. Como hándicap a superar: el guión de Colin Trevorrow y Derek Connolly, que se empeñan en plagar la historia con estereotipos planos, giros facilones y decisiones absurdas para llevar adelante una trama muy poco imaginativa.

Porque sí, señoras y señores, el guión es malo. Es difícil creérselo. Pero vamos a ser buenos y aceptar barco en: Chris Pratt sobreviviendo a una caída al agua por un acantilado junto a dinosaurios gigantes, rocas incandescentes y nubes de humo ardiente; Chris Pratt y compañía no siendo descubiertos en el interior de un barco repleto de mercenarios que conocen sus caras.

Jurassic World

Pero la suspensión de incredulidad tiene un límite. Claire y su amigo Informático 1 se sienten agobiados al ver que les cierran la puerta, abandonándoles a una muerte segura por baño de lava, aparentemente desconocedores de la existencia de una escotilla nada secreta que les habría permitido salir de allí antes de que fuera necesario que un carnívoro de grandes dimensiones apareciese para añadir peligro innecesario —y poco creíble, pardiez, que sabemos que no vas a matar a la protagonista nada más empezar. Por otro lado, por qué Owen impide que guarden al dinosaurio ultrapeligroso en un lugar seguro si no es por dar una excusa al guión para que el bicho escape y monte la de San Quintín en la mansión de Tía Ágata. Y ya puestos en lo que actuar en torno al monstruo se refiere, ¿no hemos dicho al principio de la película que los velocirraptores son capaces de detectar tu olor a kilómetros de distancia? Qué casualidad que el guión decidió olvidar el susodicho detalle cuando se les ocurrió la genial idea de apagar las luces para huir de él, a pesar de que el plan acaba saliendo mal por otras circunstancias.

Hay un detalle más del que me gustaría hablar con respecto al guión, esta vez refiriéndome a un asunto mucho más serio. El personaje de la niña es un clon, evidentemente para que se sienta identificada con los dinos y sea ella quien les libere al final, pero toda esa trama se menciona como algo de pasada, cuando debería haber sido un tema central que añadiese peso a las decisiones, tanto de Hammond#2, como de Justin Hammer de Garrafón, como de Claire y como de la propia niña. Cuando Justin Hammer de Garrafón suelta la información, ésta no tiene apenas efecto en los personajes; bien podría haber dicho “la niña es rubia” que habría tenido el mismo efecto en la trama. La Niña puede liberar a los dinosaurios de la misma manera porque a) le gustan y siente pena de los bichos; b) quiere vengarse de los malos; o c) admira a su abuelo y no quiere que su trabajo se pierda porque es lo último que le queda de él. O, ya que hemos abierto la puerta a acontecimientos estúpidos convenientes para el guión, alguien cae sobre el botón por accidente y los dinos se siguen escapando sin que el resultado final varíe lo más mínimo. Nombrar de pasada un detalle tan importante da la impresión de excusa, de resolución inmerecida, barata y sacada de la manga.

Pero no todo es malo. Bayona hace maravillas con el material, muy a pesar de la calidad dudosa de éste. Consigue regalar escenas muy bien construidas, de ésas que quedan en la memoria. Consigue especialmente apelar a un fragmento de mi interior que creía perdido ya en mi madurez: la del niño acurrucado bajo la manta, temeroso del ataque de un depredador extinto hace millones de años. La escena en la que el Indoraptor se cuela por la ventana de la mansión —nota mental: para qué quieres ventanas que se abren desde fuera—, y que, con lentitud maliciosa acecha a una niña que observa la escena impotente, sabedora de que su destino está sellado. Ya no sólo es lo bien hecha que está la escena; es el transporte a años olvidados que muy pocos han conseguido imitar.

La música acompaña también. Digno sucesor de John Williams, la composición de Giacchino consigue mantenerse personal y atada a la película sin depender de las notas que el Maestro compuso para el primer filme.

Me gustó también que, en líneas generales, se alejase de la tentación de repetir El Mundo Perdido —ciertamente existe un paralelismo estructural en aquello de: voy a isla a salvar a X con un grupo de paramilitares –> en la isla, el grupo de paramilitares me traiciona —> los paramilitares se llevan a los dinosaurios al mundo real –> los dinosaurios montan la de San Quintín y se escapan—, por lo menos no de la manera en la que Jurassic World tan descaradamente copia. El final es satisfactorio pues es el camino lógico al que llevan apuntando desde el comienzo de la saga —aunque no sé por qué los dinosaurios marinos y/o los aéreos no habían hecho ya acto de presencia en zonas habitadas por humanos—, y además propone un terreno inexplorado para la última entrega de la saga, desgraciadamente dirigida por el señor Trevorrow.

Jurassic World

Por suerte, aún nos quedan Chris Pratt y Bryce Dallas Howard. Comentar el carisma de Chris Pratt está de más aquí puesto que, probablemente todos y todas, conocemos de sobra cómo se las gasta. No necesita personaje, ni trasfondo ni motivación. Un par de detalles de su vida y que suelte de vez en cuando esa sonrisa picaresca que recuerda a la de un joven Harrison Ford en pleno auge de popularidad. Con una precisión cómica milimétrica, es capaz de llevar adelante él solo una película que de otra manera caería por su propio peso. Imaginad al bueno de Pratt ahora como un joven Han Solo. Ya sé que físicamente se parece a Ford como un pato a un regaliz, pero imaginad.

No quisiera terminar esta crítica sin ensalzar al otro nombre que levanta la película, Bryce Dallas Howard. Pocas actrices de su edad hoy en día son capaces de tener un rango interpretativo tan amplio, capaces de sacar diamantes de un personaje aplanado hasta la mayor simpleza —incluso más que en la película anterior, aunque por lo menos en ésta no corre con tacones—, y hacerlo suyo en todo lo posible. El hecho de que el personaje de Claire no sea completamente olvidable es exclusivamente gracias a la personalidad que ella misma le inspira, quitándole la agencia a los guionistas sobre cómo llevar al personaje hacia adelante. Parece increíble que a una actriz tan versátil no le lluevan papeles de esos que llaman a premios. Imaginad que hubiera hecho de Qi’Ra en la película de su padre. Imaginad a esta misma pareja, pero sacando adelante Han Solo. Cuán hubieran cambiado las tornas.

Jurassic World

Nos ha gustado de Jurassic World: El reino caído:

  • La técnica de J. A. Bayona.
  • El carisma de Chris Pratt.
  • La capacidad de Howard de sacar petróleo de un charco seco.

Nos ha gustado menos de Jurassic World: El reino caído:

  • El guión que se empeña en ponerse zanadillas a si mismo durante todo el metraje.
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Un blogger cinéfilo y seriéfilo, lector y jugón voraz, a veces rolero y siempre friki. Nunca me canso de hablar de cines, series, videojuegos o cómics. Siempre intentando estar al día de las últimas novedades.
Crítica: Jurassic World: El reino caído Chugo

Como conclusión, Jurassic World: El Reino Caído es una película aupada por puntos positivos muy positivos de nombres Howard, Pratt y Bayona, y lastrada por unos puntos negativos demasiado grandes como para obviarlos, pues forman parte del alma de la película, el guión. Mejor que su predecesora, eso sí, consigue homenajear a la saga antigua en lo importante y abrir puertas a un futuro desconocido para la franquicia. Con mucha curiosidad —aunque con recelo, sabiendo quién está al mando—, espero a ver qué se sacarán de la manga para culminar la trilogía. ¿Será otro Jurassic Park III? ¿O será un La Guerra del Planeta de los Simios? ¿Extinción o resurrección? El tiempo lo dirá.

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Voto del público: 2.8 (1 votos)

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