Artículos Iron Man

Publicado el 2 julio, 2018 | por Chugo

0

El arco del héroe: Tony Stark. Parte II

Por @OrdHum. Recapitulando de la primera parte. Que Tony Stark alias Iron Man es uno de los personajes más interesantes y trabajados de todo el Universo Cinemático de Marvel es un hecho, como ya vimos en la parte anterior de este artículo. Con el objetivo de no apabullar a mi querido lector con un artículo de tal longitud que haría palidecer al Quijote, decidí dividir la historia completa en varias partes, observando con detenimiento los pasos que llevan al señor Stark hasta Infinity War y su —muy probable, pero ya hablaremos de esto cuando acabe— final en Vengadores 4.

Como pequeña recapitulación: Stark comienza su periplo heroico intentando dejar atrás su pasado como “Villano Capitalista” y como “Niño Rico Mimado Que Hace Lo Que Le Da La Gana Sin Pensar En Las Consecuencias“. Viéndose forzado a afrontar de primera mano sus actos, decide poner sus principales recursos al servicio de la humanidad: su riqueza y su intelecto. La relación amarga con su padre y una vida acomodada, acostumbrado a que todo gire en torno a él hacen que su profundo ego sea el agente combustible que le mueva, a pesar de que sus intenciones sean buenas.

Tony Stark quiere hacer el Bien, pero a diferencia de su —futuro— compañero de periplos, el Capitán América, su motivación primordial no es hacer el Bien por el Bien en sí, sino el intentar por todos los medios conseguir que la percepción sobre su persona cambie. Como cualquier niño de familia disfuncional, quiere y necesita que la gente le quiera. Por eso debe ser él quien haga las heroicidades, y la gente debe saber que es él quien las ha llevado a cabo.

Iron Man

En Iron Man 2 vimos a Tony superar su miedo al fracaso y a confiar en sus propias facultades. También le vimos ahondar en su relación con su padre, dándose cuenta de que quizá su relación amarga no se basaba en que Howard no le quería, sino en que éste era un hombre demasiado sumido en su trabajo y que no sabía expresar cariño. Esto lleva a Tony a cambiar su actitud hacia la gente que le quiere en lo bueno y en lo malo —Pepper y Rhodey—, abriéndose un poco más a ellos e intentando mantenerles cerca en lo posible, en vez de apartarles cada vez que se siente inseguro.

Lo que nos lleva a…

Los Vengadores, o la importancia del sacrificio.

Hasta ahora, Tony no ha necesitado más que a sí mismo para poder superar todas las adversidades que se cruzan en su camino. La villanía a la que se ha enfrentado ha sido a una escala muy comedida, centrada en su persona. Él solo —quizá con ayuda de Rhodey una vez— ha podido con todo. Él solo ha podido llevarse toda la gloria, apropiarse del mérito, aglutinar la atención. Sus propósitos que, aunque beneficiosos en su fin, vienen cimentados por el egoísmo y por la necesidad de llamar la atención.

Pero de pronto, llega Loki. Y no es una amenaza menor de la que pueda encargarse él solo, así que va a tener que aprender a trabajar en equipo. Aunque le vaya a costar aceptarlo.

Observemos su entrada. Haciendo gala de su excentricidad y sentido del espectáculo, se lanza contra Loki al ritmo del ‘Shoot to Thrill’ de AC/DC hackeando de forma remota los altavoces del quinjet que pilota Viuda Negra. Loki —por si hiciera falta aclarar, magníficamente interpretado por Tom Hiddleston—, que, recordemos, en cuyo báculo se encuentra la Gema de la Mente, se deja atrapar para llevar a cabo su plan, sabiendo a buen seguro que inflar el ego de Stark es el primer paso para sabotear la relación de grupo.

La dinámica de voces discordantes y ególatras se repite poco después con la llegada de Thor para llevarse a Loki. Stark quiere atraparlo para llevarse la gloria, el Capitán quiere atraparlo porque es lo correcto y Thor quiere capturarlo porque no es asunto de ningún midgardiano. Stark se encuentra por primera vez con un ser muy superior a sus fuerzas, que cuando le mira no sólo no le reconoce, sino que le trata con el desdén propio que un dios mostraría hacia un mortal.

Así que cuando Iron Man se lanza sobre Thor tras éste haberse llevado a Loki, el asgardiano le dice “No me vuelvas a tocar en tu vida” a lo que Tony responde “pues no me quites mis cosas.” Sus cosas. Es evidente aquí que Stark no es consciente de la gravedad del asunto, y ve a Loki como un trofeo exótico más para su vitrina de heroicidades que mostrar al mundo. Aún queriendo salvar el mundo, su ganancia personal sigue siendo su principal motivación.

Steve Rogers lo sabe, y así se lo hace saber en su posterior confrontación verbal.

¿Quién eres sin la armadura? […] He visto las grabaciones. La única persona por la que luchas es por ti mismo. No eres el tipo que se sacrificaría por todos.” A pesar de que Tony responde con su socarronería y autosuficiencia habitual, lo cierto es que estas palabras tienen un calado especial en el personaje. No es una persona cualquiera la que se lo dice, sino el mismísimo Capitán América.

Como veríamos más adelante en Civil War:

Conocí a tu padre cuando estaba soltero,” dice el Capi. Pero la respuesta de Stark es mucho más amarga: “No lo sabía, sólo me lo contó medio millón de veces. Cómo te odiaba cuando era pequeño.” Ya hemos hablado de que uno de los pilares de la personalidad de Stark es su relación con su padre. Aunque hasta Civil War no hay referencia directa a ello, el hecho de que Howard Stark apareciese en El Primer Vengador —esta vez interpretado por Dominic Cooper— establecía esa relación de manera implícita. Tony de pequeño odiaba al Capitán porque sentía que su padre quería a Rogers más que a él. Sin embargo, Steve es la única conexión viva que a Stark le queda de su padre.

En el momento de Los Vengadores, el Capitán América es para Tony tres cosas —aunque éste no lo fuera a reconocer ni en el lecho de muerte—: la persona que le gustaría ser, la familia que le gustaría haber tenido y el símbolo en el que le gustaría verse convertido. ¿En qué me baso, me diréis? Quizá esté tensando demasiado el hilo, y quizá esté interpretando cosas que no existen.

Pero observemos la construcción del personaje del Capitán en el UCM. Es el epítome de la idealización. Es el símbolo en el que todos quieren verse reflejados. Puedes incluso desdeñarlo como una imagen exagerada, pero al conocerlo en persona te das cuenta de que en realidad él es así, sin sombra que le desmerezca más allá de la inadaptación a los tiempos contemporáneos. Si Tony Stark quiere, como ya analizamos en las primeras dos entregas, cambiar la percepción que la gente tiene de él, ¿qué mejor referencia a escoger que el tío que es la perfección personificada?

Iron Man

También hemos dicho que Rogers es la única persona viva que conoció a su padre. Ese padre ausente, perdido en su trabajo, con quien nunca pudo establecer una conexión directa. Es más, Tony sabe que su padre le admiraba, ¿y acaso su odio infantil no estaba basado en que sabía que tenía razón en sus historias? ¿Acaso no le admiraba él también —porque, quién no— como a una suerte de hermano mayor que acapara toda la atención de su padre, pero al que la envidia le hace ocultar sus sentimientos? Pese a que siempre cabe la posibilidad de que los guiones no tuvieran todo lo que he dicho en mente, lo cierto es que los elementos están ahí, y estableciendo una conexión entre ellos cobra sentido con muy poco esfuerzo.

Pero vaya, menuda turra que he dado con el asunto del Capi. ¿Y por qué? ¡Si no se van a pelear hasta Civil War! Precisamente, lectores míos, la pelea entre Iron Man y el Capitán América adquiere mucha mayor importancia si observamos su relación y cómo evoluciona con el paso del tiempo. Además, todo lo que acabo de decir lleva a Tony a este momento:

El sacrificio. Tony tiene la firme intención de morir por salvar el mundo, e incluso llama a Pepper mientras lleva un misil nuclear a través de un portal espacial. ¿Recordáis la frase que le dice Rogers a Stark? ¿La de que “no eres el tipo de persona que se sacrificaría por los demás”? Bien. ¿Recordáis que hemos hablado de la admiración de Tony por él, de que el Capitán es el símbolo al que aspira a ser? ¿Recordáis, por último, que la principal motivación de Tony es cambiar la percepción que el mundo tiene sobre él? Si puedes impresionar al Capitán América, el resto del mundo viene detrás. Y ciertamente, Rogers queda impresionado mientras mira al cielo, convencido de que había dado el paso definitivo hacia la heroicidad.

En Los Vengadores, todo son victorias para Tony Stark: aprende a trabajar en equipo, consigue ser él el que da el último paso para salvar el mundo, y se gana, por fin, el respeto del mundo entero.

Pero no todo son canciones, música y bailes de felicidad. Lo que nos lleva a otra de las injustamente denostadas películas dentro del UCM:

Iron Man 3, o el temor de un simple mortal

Oh, sí, me habéis oído bien. ¡Herejía!, gritáis. ¡Fanboy, que te lo tragas todo!, me dirán otros. Iron Man 3 ha sido injustamente catalogada como una de las peores entregas del UCM, y nada más lejos de la realidad —ojo, que no digo ni mucho menos que esté entre las mejores, pero sí que merece un reconocimiento notable por lo que trata y cómo lo hace.

Como apunte antes de seguir, me permito enlazar esta noticia de hace un par de años en la que Shane Black decía que la idea inicial para la película era que Rebecca Hall fuese la villana, esencialmente el propio Killian. La barrera, según Black, no era otra que “un alto ejecutivo” de Marvel —no hace falta que diga que empieza por P y termina por erlmutter— que decía que es que las figuras de mujeres no vendían juguetes, así que les obligaron a reescribir el guión incluyendo a un Aldrich Killian con su reglamentario órgano masculino. Teniendo en cuenta que una de las mayores quejas sobre la película tiene que ver con tener un villano plano y poco interesante, quizá una Rebecca Hall de mala malísima hubiera cambiado bastante las tornas.

Pero bueno, a lo que iba. Iron Man 3 vuelve a desenterrar el pasado turbulento de Tony, pendiente de pasarle factura cada vez que le sea posible. Aunque haya dejado de ser primordial en su lista de prioridades, arreglar sus propios desaguisados sigue siendo de extrema importancia para él. Y precisamente por ahí empezamos:

En un plenísimo despliegue de hijoputez propia de un niñato rico cuyas acciones no tienen consecuencias, Stark en su juventud de borrachera y ligue se encarga de despreciar a dos personas que influirían en su futuro de una manera que no se podía imaginar —como él mismo relata en off—, y, curiosamente, esas dos personas son las dos caras de la moneda; la que vuelve a él para ayudarle a cambiar —Yinsen, del que ya hablamos en la anterior entrega— y la que vuelve para clamar venganza. Aldrich Killian durante años se ha sentido humillado, inútil, frustrado por culpa de un Tony Stark al que admiraba pero que le ignoró y engañó por completo.

Curiosamente, esta es la primera vez que el elemento pasado que vuelve a atormentarle es culpa directa de Tony. Como ya hablamos de esto en la anterior entrega, no me extenderé más aquí, pero como apunte personal: pienso que la importancia del antagonista habría sido mucho mayor si Rebecca Hall hubiera mantenido su papel inicial, pues habría afectado en más aspectos de la vida de Iron Man —principalmente su reciente relación estable con Pepper. Además, desperdiciar a Rebecca Hall en un papel menor debería estar penado con juicio popular inmisericorde.

Pero no nos desviemos más del tema, y hablemos del otro gran trauma de Tony: Tras la Batalla de Nueva York, Stark ha conseguido todo lo que quería y estaba en su mano: tenía a Pepper y a Rhodey como familia y el amor incondicional del público como salvador del mundo. Pero no todo es de color de rosa. Resulta que el enfrentarte a un dios con un ejército echándote todo el peso de salvar el mundo a los hombros no es tan fácil como pensaba. También ha descubierto que existen nuevos peligros más allá del alcance de su control, y eso le agobia. Porque ha conseguido lo que quería. Y ahora su principal motivación va a ser no perder lo que tanto le ha costado conseguir. Precisamente esta idea va a ser el pilar principal de sus decisiones, por lo menos, hasta Infinity War.

Pero el propio Tony lo explica mejor aquí:

Los recuerdos de la batalla le asaltan cada noche, y no puede dormir. No sólo eso, sino que la mera existencia de una amenaza mayor, quizá demasiado poderosa para que él pueda detenerla, cubre de sombra su día a día. “Sólo soy un hombre enlatado”, dice, estableciendo directamente que la única razón por la que no se ha derrumbado ya es porque Pepper está con él. Ella es lo más importante en su vida, y quiere protegerla a toda costa. Sumado al estrés postraumático de la Batalla de Nueva York, se refugia en la creación de trajes para mantener la mente ocupada y de paso crearse a sí mismo la sensación de estar contribuyendo en algo.

Es más, Tony empieza a jugar con la idea de su legado. ¿Qué pasará cuando él no esté? ¿Quién mantendrá a salvo a sus seres queridos? Esta idea viene también reforzada por el hecho de que, al ser él mismo el que camina dentro de la armadura, se expone a un peligro extremo cada día. Eso le lleva a tomar una decisión al final de la película.

Tony decide deshacerse de su dependencia a las armaduras de forma drástica: se opera para sacarse la metralla de su pecho y se despide de sus creaciones. El concepto aquí se centra en que a partir de ahora Tony intentará separarse de la vida heroica activa —cosa que, sabemos de sobra, no ocurrirá, pero llegaremos a eso también más adelante—. Más importante aún, comenzará a jugar con la idea de las armaduras automatizadas, y esto llegará a fruición en Ultrón. Pero ya llegaremos ahí en la próxima entrega.

El último retazo de desarrollo en Iron Man 3 comienza aquí:

 

Es en la tercera entrega cuando Stark empieza a sentir un cierto deseo paternalista. Cuando conoce al niño en el garaje de sus padres, es imposible no ver los paralelismos con la propia vida de Tony, principalmente en la figura del padre ausente. Me gusta, aún así, que para él no sea fácil darse cuenta de ello, puesto que nunca se ha relacionado con niños en su vida. Aunque al principio le parezca irritante, pesado y una molestia, al final Tony aprende a valorar el esfuerzo del niño, negándose a parecerse a su propio padre. Pero permitidme que reserve extenderme sobre el tema en sucesivas entregas, ya que hay más miga más adelante. Lo que sí quiero destacar es que es aquí, en Iron Man 3, donde se plantan las semillas que comenzarán a germinar en Civil War y llegarán a florecer en Spider-Man: Homecoming.

Me detengo aquí, con vuestro permiso, pues ya me he extendido más de lo que planeaba. Aún hay mucha tela que cortar y muchos detalles de los que hablar. ¡Estad atentos a la siguiente parte!

Share Button
The following two tabs change content below.
Un blogger cinéfilo y seriéfilo, lector y jugón voraz, a veces rolero y siempre friki. Nunca me canso de hablar de cines, series, videojuegos o cómics. Siempre intentando estar al día de las últimas novedades.

Etiquetas: ,

Quizás te interese...




Back to Top ↑