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Publicado el 21 junio, 2018 | por Chugo

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El arco del héroe: Tony Stark. Parte I

Por @OrdHum. El pilar fundamental del Universo Cinematográfico Marvel es sin lugar a dudas Tony Stark. El filántropo, multimillonario y playboy que salva al mundo con su armadura de alta tecnología es quien levanto a Marvel Studios hasta donde está hoy día. En este artículo vamos a intentar hacer un repaso a esta figura, hoy día imprescindible, de la cultura popular:

De cómo Marvel se obligó a innovar o morir.

Marvel, la Casa de las Ideas. Hace veinte años, una compañía de cómics en bancarrota. Hoy, una de las propiedades intelectuales más jugosas y rentables de este siglo. Que Marvel hoy en día estrene una película viene ligada irremisiblemente a la idea de que va a generar millones en taquilla, haga lo que haga. La marca Marvel se ha convertido en sinónimo de éxito absoluto, un éxito que su competencia aún no ha sabido imitar.

De todos es bien sabido que la Casa de las Ideas no pasaba por su mejor momento allá por la década de los noventa. Tras su bancarrota en 1996 y una serie muy larga de conjuras empresariales de alto nivel, un tal Isaac Perlmutter junto a otro tal Avi Arad —que ya estaban en la directiva de Marvel—, se pusieron al frente de la tarea de resucitar una compañía en absoluta decadencia. Ambos serán a la vez lo mejor y lo peor que le ocurra a Marvel desde su caída en desgracia.

Isaac Perlmutter, exsoldado israelí emigrado a los EEUU, era ya famoso por sus excentricidades en la oficina —por decirlo de alguna manera y ser buenos, vaya, que el señor acumula un buen porrón de denuncias por acoso laboral—, pero principalmente por su mano de hierro en lo que a gastos se refiere. Era un tipo capaz de producir beneficios al mínimo coste —y decimos mínimo en el término más exagerado de la palabra—; era, en definitiva, lo que más necesitaba Marvel en aquellos momentos tan delicados. Junto al también excéntrico —ejem— Avi Arad, comenzaron a vender sus propiedades intelectuales más potentes a los diferentes estudios de producción cinematográfica con el fin de sacar rédito monetario y así reflotar la compañía. Partiendo de una base negociadora tan delicada, el porcentaje de beneficios que Marvel recibió gracias a exitazos como X-Men o Spider-Man eran nimios, quedándose Fox y Sony respectivamente con el grueso del pastel.

Este resurgimiento de popularidad de los superhéroes en el cine —recordemos, aún estaba dolorosamente fresco Batman y Robin— hizo a los jefazos supremos plantearse una posibilidad más arriesgada: la de producir ellos mismos sus películas. Para ello, consiguieron recuperar los derechos de los personajes que no habían llegado a cuajar: Iron Man, Thor, Capitán América y Hulk, entre otros. Hoy en día esos nombres son de conocimiento popular absoluto, pero no lo eran tanto tres lustros atrás. Incluso para asiduos y para casuales compradores de cómics, los personajes de los que Marvel disponía eran mucho menos potentes y jugosos que los X-Men y Spider-Man, fuera del alcance de Marvel.

Así pues, y tras haber conseguido financiación suficiente para comenzar su periplo cinematográfico, Marvel se vio en la difícil tarea de convertir a personajes relativamente secundarios y desconocidos para el público general en pilares fundamentales de su proyecto fílmico. Aquello significaba que no podían sacar cualquier cosa y confiar en el beneficio automático de la inercia del espectador basada en el “oh, me suena, tengo curiosidad.” Debían ofrecer algo distinto, que destacase por encima de los demás. Quizá el éxito de Batman Begins dio a Marvel la confianza de cómo construir su primera película —son innegables los paralelismos entre ambas: el tono oscuro, la ambientación actualizada y realista, el multimillonario huérfano superdotado que se hace un traje y derrota a su mentor—, y para eso contrataron a un joven aficionado a los cómics con experiencia como productor en los ya exitosos filmes basados en X-Men, y conocido por ser muy quisquilloso con la fidelidad del material para con los cómics. Quizá su nombre os suene: Kevin Feige.

Iron Man, o de la génesis del UCM y el comienzo del camino de Tony Stark

Con Kevin Feige ya a la cabeza de Marvel Studios, llegó Iron Man. La película se convirtió en el pilar fundamental del Universo Cinemático Marvel. Combinaba temas de rigurosísima actualidad, como el papel de la industria armamentística en el desarrollo y auge de los grupos terroristas, con la cantidad justa de sentido del humor y levedad, sin que ninguno de los dos aspectos se sobrepusiese al otro. Pero principalmente, la película consigue presentarnos a un personaje redondo, con sus luces y sombras, con sus virtudes y sus defectos, que se debe enfrentar cara a cara a las consecuencias de sus actos a lo largo de su vida. Un hombre lo suficientemente normal y corriente —dejamos a un lado lo de “genio” y lo de “multimillonario”—, con el que el espectador medio puede llegar a identificarse sin necesidad de conocer a fondo al personaje.

El motor principal de la película consiste en que Tony Stark se da cuenta de todo el mal que ha causado, tanto con su actitud de enfant terrible como con su principal fuente de ingresos, y decide hacer algo para arreglarlo. El fichaje de Robert Downey Jr. es tan acertado como crucial para el desarrollo de la película, siendo como era un actor “resucitado” tras su juventud plagada de problemas con las drogas. Complementa al personaje con su propia personalidad, hasta el punto en el que ya no sabemos dónde empieza Tony y acaba Downey. Es, sin ninguna duda, el actor perfecto para encargar al genio, playboy, millonario, filántropo. Y podría haber sido mucho peor —recordemos que uno de los nombres que estuvo a punto de ser escogido para hacer de Tony Stark era el mismísimo Tom Cruise, que se fue porque pedía demasiado control creativo y de producción. Imaginad cómo hubiera sido un UCM con Cruise al mando.

El punto de inflexión para Tony Stark, el momento en el que decide dar un vuelco total a su vida para dedicarla a ayudar a los demás, es en el que Stark acaba recibiendo un baño de humildad tras su secuestro. La realidad le golpea como un jarro de agua fría cuando se da cuenta de que es su empresa la encargada de armar a los grupos terroristas contra los que supuestamente debían defender sus armas. La gota que colma el vaso caería con el sacrificio de Yinsen —interpretado por Shaun Toub—: “No malgastes tu vida”, dice a Stark el hombre moribundo, al que años atrás el mismo Tony había desestimado en favor de sus intereses personales.

Las palabras de Yinsen tienen un profundo calado en Tony. Cuando consigue escapar, decide trabajar en su armadura y dedicar todos sus recursos a mejorar el mundo. Que en realidad haya sido Obadiah Stein quien hiciera los tratos turbios con los terroristas es lo de menos; Tony, ante todo, tiene mentalidad de ingeniero, y considera que puede “arreglar” todos los desperfectos del mundo. Consciente, además, de sus privilegios, siente sobre sus hombros la responsabilidad de llevarlo a cabo. En este caso, siente que ha causado mucho mal y que debe compensarlo con todas las buenas acciones que su físico y sus recursos económicos puedan permitir. Por otro lado, también se ha dado cuenta de que su condición de multimillonario no le hace inmune a la fragilidad de la vida, y de que ésta puede terminar en cualquier momento. Por eso decide dar el paso hacia la única persona que se ha mantenido a su lado, que le ha cuidado a pesar de haberse comportado como un auténtico canalla. Pepper Potts es, y se verá a lo largo de todo el arco de Tony Stark, la persona más importante en su vida, aunque para ambos sea difícil creerlo.

Tras haber desenmascarado a Stein y acabado con su amenaza, comparece ante la prensa para explicar lo sucedido, con la firme intención de mantener la identidad de Iron Man secreta. Entonces llega probablemente la escena más importante de la película, y ciertamente la que todos recordamos tras salir del cine.

Si la prensa pensaba que Iron Man era un señor heroico anónimo, ¿cómo iba entonces a conseguir redención? Sin llegar a dudar de su voluntad real de querer hacer el bien, su otra principal motivación es que el mundo deje de ver a Tony Stark como un ser abyecto movido por el afán de ganar dinero. Quiere, necesita que la gente le quiera. Toda una vida basada en tener a cientos de personas pendientes de ti no se esfuma de la noche a la mañana. El ego es poderoso en él, y no puede soportar no ser reconocido. “No he dicho que seas un superhéroe”, comenta la periodista. Aquello dolió. No puede dejar que sus buenas acciones en el interior del traje se atribuyan a un guardaespaldas cualquiera que pasaba por allí. Como un niño pequeño que quiere demostrar a sus padres que se ha portado bien, anuncia muy públicamente que es él, y no otro, Iron Man.

Iron Man 2, o de por qué Tony es Tony.

Bueno, me toca hacer un poco de voz disonante con respecto a una de las Verdades Incontestables entre el Fandom de Marvel. Soltaré la perla de golpe, sin miramientos. Luego me explico mejor, antes de que me soltéis a los perros:

Iron Man 2 era (y sigue siendo) necesaria y crucial para el conjunto del UCM. Y sobre todo para el desarrollo de Tony Stark como personaje.

Tony Stark

Cuando dejéis de gritar, sigo. ¿Ya? Venga. Iron Man 2, por encima de todo, está lastrada por dos elementos muy serios: un villano que prometía y no aporta y una resolución de la trama de la que decir que está cogida con pinzas sería quedarse corto. Quizá fueran las prisas, quizá fuera la mano de Perlmutter que impidiese el correcto desarrollo creativo del guión —ejemplos apabullantes de esto en el UCM existen, siendo más exagerados aún en La Era de Ultrón y en Iron Man 3—, el caso es que los problemas existen, y se entiende que afectan negativamente a la percepción del filme. Pero vaya, no venimos aquí a hablar de la película, ni a criticarla o defenderla como unidad en sí misma. Queremos hablar de lo que nos aporta a los espectadores con respecto a la construcción del personaje de Tony Stark.

Porque el principal propósito de Iron Man 2 no es otro que el que enfrentar a Tony Stark ante dos de los elementos que más influyen en el desarrollo de su personalidad, y que volverán a aparecer a lo largo del UCM: su relación con su padre y la cercanía de la muerte.

A pesar de que hay referencias a Howard Stark en la primera entrega, aquí se nos presenta —interpretado por John Slattery— a través de un vídeo en el que trata con desdén a su hijo porque éste entorpece su trabajo. Vemos a un Tony atormentado por el recuerdo agrio de una relación distante con su padre. El sentimiento le acompaña día tras día porque es algo que no puede arreglar por mucho empeño que ponga. El accidente de coche —volveremos a esto más adelante— arrebató a Stark la posibilidad de reconciliarse con su padre.

Pero aún hay otro factor influyente relacionado con Howard Stark, y tiene que ver con el villano de la película, Ivan Vanko. VankoMickey Rourke— se embarca en una misión de venganza contra Tony, pues Howard había robado el trabajo de Anton Vanko —padre de Ivan—, llevándole a una vida de pobreza hasta el día de su muerte.

Tenemos, pues, ante nosotros otro peso, otra consecuencia nociva derivada del entorno de Stark. Tony, con mentalidad de ingeniero, se echa sobre los hombros la tarea de arreglarlo todo. Y entonces viene el asunto de la enfermedad.

El reactor ARK que Tony se instaló en el pecho para evitar que la metralla llegase a su corazón es tóxico y le está envenenando por momentos. Tony descubre a la fuerza que ni el dinero ni el genio son suficientes para solucionarlo todo. Eso le frustra, eso le atormenta. Además, siente que se muere, que se le acaban los días, que no le da tiempo a acabar su misión, a arreglar todo lo que quería. Sobre todo, le hace sentirse fracasado, inútil.

Su ego entra en juego. Prefiere callar su enfermedad, sufrirla en solitario antes que reconocer que no es capaz de curarse. Todo eso le hunde en la depresión y en la autodestrucción, apartando a sus seres queridos todo lo que le es posible con tal de que no sean conscientes su fracaso.

Aquí el espectador es un personaje más, uno de tantos que rodean a Tony con genuina preocupación, aliviados cuando va por el buen camino y horrorizados cuando se tuerce. La escena es vergonzosa, y nos hace mirar para otro lado con horror. La redención peligra ante nuestros ojos, y esa es la reacción que Tony espera, tanto de Pepper y Rhodey como de nosotros, los espectadores. Porque lo que quiere el bueno de Stark es apartar a sus seres queridos. Quiere que dejen de mirar, que le den por un caso perdido, que le abandonen. Piensa que no merece su cuidado, su atención. Quiere estar solo para poder morir solo. Todo esto queda patente en la escena del restaurante, justo tras la fiesta.

Un par de bofetadas dialécticas de Nick Furia es justo lo que necesita Tony para recuperar la perspectiva de la realidad. Encerrado como estaba en la autocompasión derivada de la sensación de fracaso, necesita que alguien ajeno a su círculo de confianza venga a aportarle la seguridad que le falta. Papis-ex-machina aparte, el resto ocurre de forma esperada y al final, Stark acaba superando su crisis personal y aprende a abrirse un poco más a la gente que se preocupa de verdad por él.

BONUS: El niño con careta de Iron Man que Tony salva durante el ataque de los drones de Vanko es Peter Parker, confirmado por el propio Feige. Evidentemente esto es fruto de la casualidad de tener una escena así en una película muy previa a que Marvel siquiera soñase con poder oler la IP de Spider-Man. Aún y todo, encaja, así que lo damos por bueno porque quién sabe, a lo mejor incluso hacen referencia a ello en un futuro.

El desarrollo de Tony es constante en las subsiguientes películas del UCM, pero este artículo ya se ha hecho demasiado largo como para abarcarlas todas. En la próxima entrega, hablaremos de cómo empieza a trabajar en equipo en Los Vengadores y en cómo su deseo de arreglar todo evoluciona en el miedo a la pérdida y a obsesionarse con la protección de sus seres queridos.

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Un blogger cinéfilo y seriéfilo, lector y jugón voraz, a veces rolero y siempre friki. Nunca me canso de hablar de cines, series, videojuegos o cómics. Siempre intentando estar al día de las últimas novedades.

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