Analisis

Publicado el 26 Junio, 2017 | por Chugo

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Análisis PS4: Prey

La franquicia Prey tiene toda una historia plagada de incertidumbres. Su primera entrega si bien no hizo mucho ruido, era muy querida por muchos aficionados. La segunda entrega se anunció en el E3 de hace unos cuantos años, y tenía un planteamiento muy distinto a su primera parte. Solo se hizo pública una cinemática, pero parecía más un space-opera, en el que su protagonista sería un cazarrecompensas que iría por el universo dando caza a criminales alienígenas. El proyecto terminó siendo cancelado.

Hasta que Bethesda y Arkane Studios se hicieron con la licencia Prey, y volvieron a re-inventarlo. De la licencia solo quedó el nombre, ya que tanto la temática como las mecánicas de este reinicio de la franquicia poco tenían que ver con el original. Nosotros hemos podido jugarlo y hacer este análisis gracias a un código que nos han facilitado la gente de Bethesda.

Bienvenidos a Talos I

Prey nos lleva a la estación espacial Talos I, que está en órbita con la Luna. Esta estación con fines científicos se encuentra estudiando una raza alienígena llamada Tifón. Gracias a lo descubierto se han logrado grandes avances, pero como era de esperar todo se tuerce. Estos alienígenas con capacidades miméticas se descontrolan, y la Talos I se convierte en una trampa mortal. También y como curiosidad, nos plantea una línea temporal en la que Kennedy no fue asesinado en Dallas. Esto conllevó a grandes avances en la exploración espacial y todos los campos de la ciencia.

En este escenario se despierta Morgan Yu. En principio sufrirá amnesia, pero a medida que avanzamos en su historia iremos conociendo la relación de este personaje con la estación y la investigación. El título sabe jugar muy bien con esto, el poner al personaje y jugador en el mismo punto para reconstruir la historia. A través de emails, audios y grabaciones, seremos capaces de reconstruir lo que ha sucedido en la Talos I.

Centrarse sólo en la historia principal de Prey nos puede llevar unas 15 horas. Si decidimos hacer las misiones secundarias, y explorar todas las posibilidades de la estación la experiencia puede superar las 30 horas tranquilamente. Creo que la segunda opción es la más interesante, ya que sirve para conocer todos los entresijos de la estación, su historia, y tener una imagen de conjunto. La historia principal pierde algo de fuerza en cuanto al último tercio, pero en líneas generales consigue mantener el interés muy correctamente.

Creo que con el tiempo volveré a jugarlo, porque tengo la sensación que me he dejado cosas en el tintero.

Prey, esto ya lo he jugado

Arkane Studios ha sido muy ambicioso con Prey. Las mecánicas de juego de Prey beben de muchos títulos. Lo digo como algo positivo, todo jugador que tenga cierta experiencia pillará muy rápido las mecánicas porque ya las ha visto en otros juegos. Eso sí, no todas están implementadas con el mismo acierto.

Para empezar el moverse por el mapa, recuerda poderosamente a un metroidvania o Dark Souls. Deberemos explorar y recorrer diferentes escenarios en varias ocasiones y desde distintos ángulos para avanzar en la historia. Estas fases de exploración para mi es uno de los mayores atractivos del juego. Junto a descubrir la historia, es lo que me ha enganchado del juego.

Por otro lado en Prey estamos ante un FPS. Y aquí es donde pincha en mi opinión. Los miméticos, fantasmas o telépatas se mueven rápido, y el control se antoja tosco y poco fluido. Muchas veces llega a ser confuso, sin quedar muy claro cual es la causa de la muerte o de dónde ha venido el golpe. La variedad de armamento no es muy alta, pero si que invita a utilizarlo con creatividad. Destacar el cañón GLOO, que a poco imaginativo que seas puede abrirte muchas puertas.

También tiene ciertos toques de survival horror, como la escasez de munición y gestión de recursos. Junto a estos toques se añaden los de “crafteo”, a lo largo de toda la Talos I hay máquinas en las que fabricar munición, kits médicos, de reparación de armaduras, etc. Encontrar los diseños y materiales puede resultar a veces frustrante y restar algo de ritmo al juego. Pero creo que sin ello la fórmula de exploración no tendría el mismo efecto.

El rol no podía faltar, soy de la opinión de que cualquier juego con un ligero toque de RPG mejora. La progresión del personaje es gracias a los “neuromods”. Estos objetos hacen las veces de puntos de experiencia y los iremos encontrando por el mapa. Desbloquean las diferentes habilidades disponibles que son muchas para enumerarlas todas. También permiten desbloquear “poderes” de los Tifón. Aquí aunque me gusta la idea del sistema de progresión (bien implementado dentro de la propia historia), cojea. Quizás sea por mi estilo de juego, pero hay habilidades que no las he encontrado ninguna utilidad, y otras en cambio me han parecido claves.

Con todo, se consigue la sensación de que toda la Talos I está en tu contra. Tener que fijarse en el escenario si hay algún cambio por si un mimético ha entrado en la estancia. Girarse porque te ha parecido ver una sombra moverse por el rabillo del ojo. Como si de una buena película de terror se tratara, juega más con la tensión que con el manido recurso de los “jump scares”. Salvando las distancias no sería descabellado compararlo con Alien: el octavo pasajero (cada una en su estilo y formato, claro está).

Talos I, todo elegancia y estilo

Como ya ha sucedido con la saga de Dishonored, el apartado artístico de Prey es digno de mención. El estilo que prima dentro de la estación espacial es Art Decó. La elegancia, y pulcritud es evidente en el diseño de la Talos I. Choca de lleno con la estética sucia y práctica que hemos visto en obras de ficción como Alien o Star Wars. Podríamos decir que se acerca en su filosofía a una estética más propia de la ciencia-ficción salida de la mente de Genne Roddenberry.

Los diseños de niveles también están a la altura. Toda sala tiene su función, y el mapeado un sentido. No se trata de pasillos y salas porque sí, tienen sentido dentro de la historia. La libertad de movimiento es prácticamente absoluta. Con la cantidad de herramientas que ofrecen, Arkane Studio nos invita a “romper el juego”, para avanzar. Y consigue que muchas veces nos sintamos más listos que los propios diseñadores, y eso es tremendamente satisfactorio.

En cuanto al apartado meramente técnico, no es espectacular, pero cumple su función. Una vez dentro de las partidas, se comporta bastante estable (en nuestra PS4). Pero es cierto que los tiempos de carga entre zonas o para iniciar la partida son bastante largos. Bethesda como suele ser habitual ha mimado mucho la localización, y tanto voces como textos llegan en castellano. La banda sonora marca bien los tiempos y las pautas de lo que está sucediendo.

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Un blogger cinéfilo y seriéfilo, lector y jugón voraz, a veces rolero y siempre friki.
Análisis PS4: Prey Chugo

La premisa de la historia y el apartado artístico hicieron que mostrara interés por Prey, y durante mis partidas esos dos aspectos no me han defraudado. Las mecánicas de juego beben de muchos géneros y títulos, y no todas están implementadas con el mismo acierto. Lo recomiendo sobretodo si te gusta la ciencia-ficción y te gusta lo de explorar e ir desentrañando los secretos de los juegos.

4

Ambicioso


Voto del público: 4.3 (2 votos)

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